jueves, febrero 10, 2011

Tras de la ventana


Sentado, mirando desde la ventana de mi oficina, de esa oficina inexistente, desde este balcón que pocas veces se abre como el viejo balcón de mi habitación al que pocas veces me asomo. Apenas puede verse la existencia de días vacíos en un puñado de días difusos. Difusos como el recuerdo de una borrachera, del recuerdo de un ebrio al que a nadie fastidia.

Mirando la infancia rota y perdida entre los jardines de un jardín hoy desconocido, mirando también otras infancias como muñecas caídas, sin manos y sin pies, sin ojos, heridas de muertes sobre la hierba seca de unos amores que ya no están y que a veces aparecen como estrellas fugaces preguntando por mí, para abrazarme, tocarme, robarme un beso y decirme adiós.

Nada es fácil a la mitad de la vida, cuando todo parece diluirse sin explicación, cuando una ráfaga de pena se ha llevado el último grito de felicidad, cuando han venido de nuevo a buscarte las sombras temibles del ayer.

Los últimos años se van por una calle sin mí, oigo sus pasos pero no los puedo ver.

lunes, enero 17, 2011

Tú también...


Tú también le pusiste alas a la noche
Y te marchaste a un lugar oscuro con un hombre al que creías amar
Te alejaste de mí
Y yo dormía en el mundo de tu ausencia
Agónico
Aterido a la distancia de tu cuerpo que se desnudaba sobre mi angustia.

Tú también, como ellas
Esas otras que se arrancaron mis alas y llenaron mi cuerpo de alfileres para clavarme en la pared.
Creíste que te amaban en la soledad de esa noche
Entre paredes largas y frías
Entre el murmullo de las horas cuando caen como la lluvia
Y cuando entraron en tu alma
Cerraste los ojos para pensar en mí.

Tú también, como todas,
Me engañaste una noche para apagar tu soledad
Y hoy estás más sola todavía.

jueves, setiembre 23, 2010

Yo también te quería...


Yo también te quería, cuando mirabas las estrellas en la noche tomada de mi mano y tratabas de explicarme el universo, ese que yo solo veía en tus ojos.


Yo también te amaba, cuando llegaba la tarde y me quedaba dormido sobre las hojas de agún libro, marchito, inerme, herido mortalmente por el cansancio de la nada.

Yo aprendí a leer los días en tus ojos, aprendí el dulce y el salado en tu mirada y en las lágrimas que tantas veces provoqué sin quererlo.

Pero el viento de los días fue acabando ese amor, el tiempo y la distancia hicieron los demás.

Hoy llega tu recuerdo como una hoja caída a mi memoria.
Estás lejos, yo estoy solo.

Recordarte es lo único que queda,
Y esa foto tuya en un marco de cristal sobre la mesa.

Solo tu ausencia.

lunes, julio 26, 2010

Asiento 36

Me había enamorado de su rostro
De su mirada limpia que parecía una lluvia de invierno.

Yo había nacido en un pueblo de inviernos
Todos los demás pueblos del mundo tenían uno cada año,
Pero este tenía cuatro,
Por los techos de sus casas,
El agua se deslizaba como cataratas.
Todo ello hizo que la empezara a amar.

Un día descubrí que no había más inviernos,
Que los días eran papeles arrugados en el fondo de un bolsillo roto.
Que había pasado mis días contando las estrellas inútilmente.

Pero nosotros teníamos una vida
Habíamos construido una casa de barro que alimentamos con nuestros sueños,
Un jardín celeste en el que crecían flores azules.

Y teníamos una fuente
A donde se acercaban a beber los gorriones cada día.

Un día tuve que tomar un autobús
Y dejarlo todo
Dejar su amor en medio de la casa
Unos papeles que apenas hoy recuerdo
Y los pasos que una vez me llevaron hasta su lado.

Hoy que es de noche la recuerdo…
Y me acuerdo de los inviernos, del bus y de su adiós a las cinco y treinta de la mañana.
Después yo crucé la plaza

Unos perros me ladraban distantes y hacía mucho frío en la madrugada.
Cuando subí al bus me dieron el asiento 36

Hoy prefiero caminar, sin pensar en los inviernos,
Sin viajar en autobús
Y sin pensar en que alguna vez la amé
Prefiero que la ventisca de la tarde me devore.
A recordar su rostro esa mañana pidiéndome que me marche.

Pero ese día...
Después que crucé la plaza

Sentía un frío infinito
Los ladridos de los perros me daban más frío todavía
Y la luna redondamentellena iluminaba un camino lleno de papeles
Y de marcas diferentes
De cigarrillos, de chocolates, de galletas.

Yo caminaba como una sombra
Sin hacer ruido
Y en el suelo se reflejaba mi cuerpo y mi bufanda,
Una bufanda tejida
Que una vez me obsequió mi madre
Y yo sentía que los dos fuimos echados de esa casa

Que los dos caminábamos en medio de esa soledad de madrugada.
Que los dos fuimos echados por esa mujer que amé hasta esa mañana

/pero claro
Mi madre no estaba conmigo
Pero si la bufanda
Con sus sueños tejidos
Enredada en mi cuello/.

Otras veces había sentido frío interior
Pero esta vez era diferente
Sentía un frío en el alma
Que me dolía

Hasta que finalmente me dieron el asiento 36 del bus
Y me senté
Me acurruqué junto a la ventanilla

Y miré las luces anaranjadas de la calle
Y lloré en silencio
Y me quedé dormido
Y soñé que mis lágrimas no eran mías

Que era la lluvia que caía
Dormí, dormí y hacía mucho frío.

jueves, julio 15, 2010

Recuento a mitad de la vida

Para ti fue el canto insurrecto que retorna en la mañana
Mojado de horas muertas
De silencios cargados por el tiempo.

Para ti se hizo esa mañana en la que sin saber llegó a mis días
Para encontrarte en el borde doblado de una mañana
Como un verso escrito en el filo de una servilleta.

Fue en esa sala de redacción
Donde mis manos golpeaban el teclado de las tragedias
Cuando empecé a escribir tu nombre sin conocerte

Fue ese eco de tus gemidos el que me devoró una noche tibia
Cuando tu  vientre empezó a latir y respirábamos la noche
hasta llegar al alba sin siquiera darnos cuenta.

Hoy cansados, los ojos de la tarde nos miran distantes
Ya no somos los mismos que se amaron sobre las páginas de un diario
Y esta tarde que te busco en mi recuerdo
Asoma tu Buenos Días amor como un recuerdo extinto al que mi alma mira con tristeza.

jueves, junio 24, 2010

Retrato



Me he olvidado de tu nombre


Apenas al encontrar una fotografía entre papeles olvidados
Tu rostro apareció como un retazo del ayer
Al fondo hay unas flores
Y más allá un río
Pero no he podido recordarme
La forma en que te llamaba…

Me he olvidado de tus ojos
Al mirarlos vi su tristeza
Esa que nunca te dejaba
Ni siquiera cuando en las noches de invierno
Nos dormíamos abrazados
Y la calle llena de neblina
Y los techos con su llanto frío
Y esa mujer que después murió
Una tarde cuando ya nos habíamos ido.

La vieja piedra de la entrada
-Un pilancón hermoso
Que hubiera querido llevarlo en mi alma
Si no fuera porque el invierno
Susurraba-

Y el viento...

Me olvide de ti en con las horas que cayeron abatidas.
La última vez que te dije que te amaba
Está distante
El tiempo partió irremediablemente
Se llevó tu voz
Tus manos sobre las mías en la mitad de un parque
Mientras la gente atravesaba sus propias desdichas.

Me había olvidado de ti
Hasta hoy que encontré en medio de las hojas de un libro
El último retrato
Tú última sonrisa
El tiempo detenido
De aquella última despedida.

martes, abril 06, 2010

Seis de abril






Al cerrar la ventana me acordé de ti

Ya tarde,
Como tarde nos llegó el amor
Otras distancias nos acompañan,
Estrellas distintas no miran lejanas
Huyendo de nuestras miradas de ayer,
Aquellas que nos hicieron doler en donde no puede verse
Esas que acribillaron nuestras almas con una catarata de llanto
Y que al llegar la mañana
Nos encontraba llorando
Frente a un espejo roto por los días.
Habitaciones sin voces,

Habitaciones sin gritos,
Sin pasos
Muertas para siempre
Habitadas por fantasmas que desayunan
Que amanecen y dicen buenos días
Y se sientan a la mesa a tomar un café
Y que los domingos,
Tendidos sobre una cama
Leen un libro, bostezan
Y al llegar la noche apagan la luz.
Al cerrar la ventana
Me golpeó tu recuerdo
Como el olor de una flor marchita
Que hace tiempo murió en el jardín.
Han pasado tantos años
No tenemos nada que decir
Otros horizontes nos esperan,
Otros caminos
Hace mucho que no sé de ti
Que no te encuentro en los bares ni en los cafés
Tampoco en las líneas de ningún papel,
Pero hoy seis
Al cerrar la ventana
La noche infinita y de estrellas vacía
Me trajo tu nombre este seis de abril.

La flor que me robaste crece cada día
Un día le crecerán alas
Y aprenderá a volar.

Yo he vuelto a sonreír.

domingo, abril 04, 2010

Ausente

No me acostumbro a esta soledad
Sin ti,
Vuelve la mañana y no tengo tu voz,
Tus buenos días son fotografías colgadas de una pared
Que me miente.

Ausencia de ti
El trino de las aves que amanecen
No es el mismo
Y te busco para sentirme que estoy vivo
Y no estás

Solo el espacio vacío
Y esta autopista vacía de todo
De una mañana que amanece repetida
No tengo tu voz
Tu mirada es un recuerdo que empiezo a olvidar
Y esta soledad que llama denuevo
Que me grita
Que me tira los cabellos
Y que respira en mi garganta
Como cuando éramos uno
Tú y yo
Allí,
Tú y yo aquí.

martes, diciembre 29, 2009

Indescifrable




Veo tu rostro en esta tarde vacía
Y tu cuerpo es un pez entre mis manos
Un pez pescado, atrapado,
que se escapa entre las sábanas de una angustia
Indescifrable,
Por eso
Cuando estamos juntos en la casa
Y el croar de las ranas anochece junto a nosotros
Y el trinar de las aves nos despierta
Y tu cuerpo desnudo es lo primero que veo al despertar
Me pregunto
Si de algo valió
Estar tanto tiempo
Esperando en una esquina
Fumándome un cigarro
La llegada de un tren
Si al final mi última estación eres tú
Fuiste tú.
Cada vez que despierto y busco
La luz del sol en tu mirar
Sé que esa mujer que encontré
Entre las líneas desdibujadas de un diario
Eres tú,
Serás tú,
Como esta tarde en que llueve
Y yo me cobijo en tu vientre.

jueves, diciembre 17, 2009

Ya puedes ser feliz







Ahora que me voy
Puedes seguramente reunirte con la tarde
Tomar un café después de las seis para empezar a olvidar .

Ahora puedes buscar cualquier lugar
Para mirar las estrellas .
No vas a tener problemas con esas llamadas molestas de medianoche
Para decirte que te amo,
Que tengo miedo ,
Que estoy tan triste.

Ahora que me voy
Sé que en cualquier parte encontraré
Una sombra para amar a alguien
Tomada de la mano de nadie
Buscando como siempre
Despreocupado
Encontrar en el silencio una palabra.

Una que diga
Que el amor no es lo que es,
Que se extravió
Que siempre hay un mañana en algún lugar
Para volver a ser feliz.

Ahora que me voy
Ya puedes ser feliz.

Empieza sonreír, el mañana es para ti.

viernes, noviembre 27, 2009

Cartas desde una oficina de redacción a tu mirada








(1) Calle,

Ya no voy a correr este velo de misterio que nos cubre cada vez que nos miramos,
Me he cansado de tomar tus ojos con los míos cuando nadie puede vernos
Y he descubierto que en tu mirada de manantial cristalino
Habitan los elfos de mis tardes más vacías.

Y me acuerdo de las cosas que nos unen,
de las letras que escribimos
de lo que va más allá de tu amor.

Por eso construyo el mañana con retazos
De tu tiempo
Y
Espero
En uno de los rincones de la tarde
A que regreses.

Esta banca ya me conoce, esta pena empieza a quererme
Como no me habían querido desde la última vez que me llevaron a la escuela tomado de la mano con el pelo desordenado y la cara triste.

Yo debo retomar por esas dos agujas del tiempo mi camino
Y transido, solo y al borde de esa banca deshabitada
Me parece que es un precipicio si tus manos no toman las mías.

El vuelo de palomas emerge desde la fuente
Ellas saben que la tarde es pasajera como la lluvia
Cuando veo aparecer tus ojos de pena en mi memoria
Renace tu palabra incierta en mi recuerdo.

No voy a esperar a que los geranios florezcan
Ni a que la mañana se termine para ir tras de tu sombra
Y
Tomarla
De la cintura
Para ir de compras por esos lugares llenos de gente
Como lo hicimos en febrero
Cuando sin dinero fuimos felices
Subiendo y bajando unas escaleras que nos llevaban a cualquier parte
Porque tenerte era estar en cualquier parte
Y estábamos en Ginebra y en Estambul
Con solo una mirada
Y habitábamos mañanas con hijos desconocidos
Que quien sabe si alguna vez veremos sus rostros.

Y todo el centro comercial nos pertenecía
Y la muchacha de larga tristeza que vendía
Carteras vacías, llenas de nada
Y ese niño desconocido que nos miraba mientras soplaba su helado
Y esa mujer
Que susurraba a la distancia con su sonrisa marchita
Y esos todos
Y esos nadie…

Que fácil es ver las estrellas de tus manos
Atado a ti como un hombre cibernético al que lo atan de un cordón de plata.

Que fácil es resucitar la carne muerta entre tus manos,
La vida muerta,
La ausencia larga de las horas
Y tejer alegrías con el brillo de tus ojos.

Nadie va terminar esta calle larga por donde caminamos.
Por esta calle sola
Que es la carretera, el camino y el puente
Por donde nuestras vidas se van por puntos opuestos
Hasta encontrarte,
Entre silbatos de policías, ruido de automóviles
Y agentes de teléfonos que nos miran aturdidos.

Un lustrabotas a la distancia nos mira con las manos manchadas
Y el alma limpia…

Es la hora de volver y estamos en medio de la nada,
Ausentes de nosotros
Con nosotros mismos,
Con nosotros en el alma.


(2) La mañana en que llegaste a la oficina de redacción,

Aquella mañana que te vi llegar
Tenías los ojos infinitos en medio de la nada

Las mariposas en enero salen a los prados en busca de flores.

/La mañana en que llegaste
Dejaste tu equipaje
Para siempre
En ese rincón empolvado
Que era mi corazón/.

Un poema decía que habías navegado en barcas huecas todo el tiempo,
Con tus propias manos remaste contra corriente
Y al final no pudiste retornar como lo hacen los salmones,
Por eso habías llorado
Y llorabas como un río que se va lleno de pena
Y que no
Puede regresar más a su lugar de origen.


(3) Un Facsímil ha llegado a la redacción,

El Facsímil ha llegado
Más temprano que de costumbre
Junto al vapor del café caliente de la mañana
Pero huele a rocío matinal,
A canto frío.

(4) Noticia,

Descubren a los que se aman comiendo un helado de chocolate a media mañana

La mañana de ayer al promediar el mediodía, en una de las plazas principales de la ciudad,
Ellos fueron vistos de la mano, sentados en una banca
Comiendo un helado de chocolate,
Fuentes extraoficiales comunicaron,
Que ella recostó su cabeza en el hombro izquierdo de su hombre
Y él miraba con infinita ternura las pupilas de su mujer.

Los curiosos denunciaron que ambos tenían las miradas turbulentas.
Que los ríos de su sangre se podían escuchar a muchos metros de distancia,

La vendedora de helados,
refirió que él se acercó con ella de la mano y pidió dos helados de chocolate,
pagó con una moneda y se marchó agradeciendo con premura.

Los asesinos de sueños, ya se encuentran tras ellos,
Los moralistas del mundo anunciaron
Que su captura es cuestión de horas.

Una vez que sean detenidos serán puestos a disposición de los tribunales,
Para que se les impida salir tomados de la mano por las plazas,
Comer helados de chocolate a mitad de la mañana y decirse palabras tiernas.

(5) Naufragio urbano, arrastrado por las olas de tu vientre

Nada de tormentas en un vaso de agua
Sólo el solo silencio
Navegando en un rincón de la ciudad.

La barca naufragó
Fue asolada por las olas de barcos piratas que nos perseguían
Cuando tatuaba líneas en tu piel
Y nuestros cuerpos desnudos naufragan
En un mar tormentoso hasta una isla desierta.

El agua de coco de tu isla calma mi sed,
Y las palmeras de esta playa casi desierta
Cubren nuestros cuerpos deshabitados de pudor,
Deshabitados de los ojos de nuestros perseguidores que nos miran desde el mar,
Agitando esa bandera pirata con una calavera blanca sobre esa tela
Negra
Negra
Negra
Como la noche misma que nos protege.









El
Barco
De
Los
Piratas
Nos persigue
Como una mortaja
Una mortaja nos persigue
Agitada en el mar
En el horizonte
Cada vez
Más
Lejos.










No podemos construir sobre esta playa
Un castillo de arena
Porque
Cuando llegue la mañana
Habrá bajado la marea
Solo las huellas de un naufragio
Dejas en mi corazón
Cada vez que te veo alejarte en el horizonte de cemento,
Subida en un taxi que te arranca de mi lado.

En esta ciudad llena de noticias extrañas
Donde a diario se imprimen tragedias nuevas
Donde fluyen los ríos del desengaño
entre expedientes
de juzgados amarillos
con mesas de madera
y estantes de metal oxidado.

El naufragio deja en desorden los restos de un amor que sucumbe incesantemente con las olas de tu vientre.

(6) Un e-mail recibe una nueva noticia,

Esta vez no fue por Fax sino por e-mail
La aldea globalizada también nos atañe
Y las noticias se imprimen a velocidades insondables
Como el hambre como las tragedias inverosímiles de las que los políticos no hablan.
Segunda noticia

La tarde del sábado 3 mayo
(7) El circo,


Este fin de semana fueron vistos nuevamente,
Atravesaron la ciudad en un automóvil blanco marca Hyundai
Cruzaron la ciudad entera por arterias poco transitadas
Hasta llegar a las inmediaciones de un circo,
Cuando bajaron del automóvil
Se pudo ver que junto a ellos
Dos trozos de primavera los acompañaban,
No se descarta que se trate de dos ángeles que habrían sustraído del cielo en una de sus recientes incursiones a él,
Pues se sabe que a menudo tocan el cielo con las manos cuando están juntos.

Se sentaron en lugares cercanos a la pista del escenario del circo
Y rieron mucho con unos payasos
Y jugaban entretenidos, despreocupados
(la osadía es una de sus artimañas más disímiles que aplicaban en silencio entre sus manos,
Entrelazadas,
Confundidas mutuamente,
Mientras la gente desde la distancia miraba preocupada)

Se pudo notar el miedo de él cuando los trapecistas hacían maromas en el aire
Y con descaro
Fotografió las piernas de Antuaned, una de las artistas que pendían de una cuerda y giraba en el aire.

Fueron felices entre esa multitud de miradas, entre el brillo de las luces y de los reflectores
Y de todas esas cosas que se suelen presentar en lugares de esa clase,
En esos antros de alegría,
Donde se mata a la tristeza.

Fueron vistos al salir más felices de lo que llegaron, y siguieron huyendo, huyendo, huyendo…

Hasta el momento los encargados de su captura no han podido dar con su paradero.

Pero hay un rastro de felicidad que habrían dejado,
La policía se negó a informar más al respecto, pues temen entorpecer las investigaciones.








Y
Una
Muchacha
En el circo se mecía
Desde lo alto en el aire
Como si fuera una araña

Y la risa de un payaso se
Iba haciendo larga como
La pena de tu mirada
L
A
R
G
A
Como los hilos que nos sostienen a la vida
Hasta que llega un día que se rompen,
Entonces caemos sin red
A un vacío
Donde ya no va a dolernos
Pero que hace sufrir
A quienes ven que caemos en
C
A
M
A
R
A
Lenta.










(8) Cavernario,

Este poema era para ti
Cuando el primer hombre de las cavernas
Dibujaba en una grieta con ocre,
Yo
Hombre primitivo
De la aurora
Había escrito este poema con mi sangre
En las cavernas profundas de mi alma
Y después dormía sobre pieles
Que no sabían de madrugadas de a dos
Mirando a las estrellas
Que no sabían de más hogueras
Que las que trazaban los rayos en las tormentas
Y no
Como
Las nuestras
Que nos queman a fuego lento

Tu piel en mi piel
Incendiándolo todo.

(9) Incendio,

Racimos son tus llantos
Sobre mi incendiado corazón
De piel mojada
De ojos mojados
De labios mojados

Y de esa calle mojada por donde se nos va la vida
Inevitablemente,

Ombligos húmedos de ti
Ombligos húmedos de mí
Y más al sur un cataclismo
Que nos hace humanos,
Que nos humaniza,
Humanidad
El humanismo es un pañuelo inexistente ante esta pasión.

Hasta llegar al estruendomudo del amor.

(10) Desagravio,

Ante la información que propaláramos el día de ayer
Debemos hacer la siguiente fe de erratas
Que es más bien una fe de ratas
Los agraviados y mencionados en el texto
Afirman una comunión que trasciende a los umbrales de las calles,
De los pisos
De las cordilleras
Como una torre de Babel al que el amor no escapa.

Según declararon para nuestro medio
Son perseguidos políticos del amor
Por lo que en las próximas horas estarían pidiendo asilo en una embajada,
La embajada de una canción de Armando Manzanero
“…Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú…”

(11) Cámara Digital

La cámara fotográfica
Ha detenido el tiempo
En ella nos miramos y
Nos vemos detenidos
Con rostros felices de
A dos como las manos

“Cuadrada lente de luz
Ilumina la memoria”

Pero esa cámara digital
No puede grabar la imagen de tu alma
Como pueden grabar mis ojos tu angustia
Cada vez que llega la mañana
Y
Te
Sientes
Cada vez
Más sola y
Más distante
De las cosas que
Una vez tuviste como
Una puerta y una casa,
Una mesa y una cama y
Unas sábanas donde sentías
Que el amor se fue por la ventana
Una madrugada cualquiera de enero… sin saber a dónde.

Por eso esa cámara
Solo toma imágenes muertas
Que son como palomas
Que cayeron de la tarde
Sin saber a dónde ni por qué.

Esa cámara no puede detener
El vuelo de una hoja que cae,
Ni el tiempo a la hora de amarte.

Solo son imágenes
Que nuestra piel desdibuja
Para que vuelva a dibujarla tu mirada
Y la ternura de tus manos enamoradas
Sobre la piel de tu recuerdo.

























sábado, marzo 10, 2007

Sueño


De repente te atrapo en mi recuerdo
Y vuelves a huir como la tarde
Nada puedo hacer por alcanzarte
Te tomo de nuevo
Con las hojas caidas de la tarde
Pero al despertar
De nuevo tu rostro se desvanece

Ha terminado el sueño,
Estoy despierto.

lunes, febrero 19, 2007

PARA ACABAR CON LA TRISTEZA DEN DOS MINUTOS






Por las mañanas cruzo la ciudad contando los volkswagen estacionados frente al hospital.

Esta mañana ni eso me ha entretenido, ni las piernas de la enfermera
Que a las siete puntual atraviesa la avenida.
Germán es un fetiche en el centro de las bodegas con olor a golosinas,
Bodegas inútiles porque nadie puede comprar más de dos panes diarios.
Cristian ha vuelto desde la noche con el colirio en el bolsillo interior de su alma
Y el último cuadro que no pintará le ha cruzado en la calle cara a cara.

El autobús repleto de hojas de geranio, intenta engañar a la vida cada vez menos amarga, pero menos dulce.
Se va simplificando el todo hasta la nada.
Nuestros años nos jalan del cuello hasta llegar en claro a la niñez
Otra vez,
Sin pelo con lentes sin las cosas aprendidas en la vida,
Más estúpidos que a los veinte cuando conversábamos del mañana.
Hoy hablamos más de ayer
Cristian, la danza de las horas una noche en carnaval cuando la lluvia era tenue en nuestra risa.
Después las tardes fueron devorándose como polillas el libro viejo de nuestras caminatas a la luna,
Buscando bares en la orilla de la ciudad para no ser descubiertos mas que por nuestra conciencia.
Hasta que un día decidimos ser marineros y nos lanzamos al agua en un bote tierno de madera
Y nuestra tarde encalló.
Pero llegamos a la orilla cuando el sol quemaba menos que este otoño
Y la laguna de agua turbia arruinó nuestras carreras de almirantes para siempre.
Quedamos desterrados para siempre de ese nuestro mar.

A Germán le hubiera gustado enamorarse de las tardes más largas de la avenida,
Él siempre amo las primaveras y las golondrinas,
Pero ha preferido mirar su niñez en un espejo pequeñito en la pared a cientos de kilómetros.
Y Sartré, Nietzsche, Bunge que tanto lo desvelaron en su alcoba,
ya no han vuelto a buscarlo como antes para caminar por el malecón
y fumarse un cigarrillo.
También ellos se han vuelto viejos, también a ellos se les ha caído el pelo

Y también a ellos los busca menos gente para salir a caminar y ser felices.

viernes, febrero 09, 2007

La dimensión de un sueño




Voy buscándote entre avenidas cada vez más llenas
Nutridas de sudor y escarabajos aplastados
Llenas de polillas con perfumes de galonera.

De pronto un autobús
Se detiene para abrirse y dejar bajar a dos mujeres
Como cualquier cosa
Desde las ventanas turbias un hombre mira a la más grande
Con deseo
Con ese deseo
Que tengo por encontrarte

Dan las dos de la mañana
Y las sábanas de mi cama se vuelven frías
Parece que tu ausencia
Ha empezado a deshabitarlas con mi insomnio
Un libro cae al suelo
Haciendo un ruido hostil para las hormigas rezagadas
Que no llegaron a casa
Y dormitan junto a las patas de mi cama

El televisor murmura
Un programa de evangelistas dementes

Mis ojos cerrados te encuentran en la dimensión de mis sueños
De mi vigilia ya no queda nada.

viernes, enero 26, 2007

Hacer el amor y lavarse las manos son tan iguales...



Mutuamente,
Unidos,
Frotados,
Subiendo a las nubes hasta ver la ciudad
Hasta salir de las nubes y ver el mundo entero
Después el Universo.

Hacer el amor
Es como enredar lo dedos.
Despercudidos de anillos
Cuerpos resbaladizos y húmedos.

Hacer el amor es despercudirse de las horas
Y del ruido
Nacer de nuevo en el silencio
Azul de tu vientre.

Ayudados mutuamente
Indefensos el uno sin el otro
Cuerpos ausentes bajo el agua de una ducha,
Hacer el amor es como lavarse las manos
Deshabitadas
De escrituras inútiles que no dicen nada
Cuando tu cuerpo
Tejido en el mío
Lo dice todo.

26/01/07.

viernes, diciembre 22, 2006

Correos Perdidos



I

Eres la mujer que miraba el horizonte en antiguas mañanas
En busca de una mano que nunca llegó
Por eso fuiste sembrando geranios en tus días,
Incendiando atardeceres con tu llanto
Para secar después al viento
Tus vestidos de papel.

El tiempo te enseñó a jugar con tu tristeza
Aguardando la sombra
De quien nunca llegó.

Mordiendo
En el oscuro silencio de las tardes
El vuelo anaranjado de las golondrinas

Por eso en esta tarde fatigada
Extrañas las ruinas humeantes de tu ayer

Ahora que mis manos
Se siembran en las tuyas como viejas raíces

Ahora que la tristeza
Es un ave espantada por mi voz.


II

Después del invierno
Las polillas caían abatidas por su pena en las entradas de las tiendas
Morían pisoteadas por el apuro
De la gente
Que con las manos en los bolsillos
Mordía el frió de la noche.

Y nosotros aguardábamos
Mirando la lluvia deslizarse en nuestra propia noche.

Pocas cosas son distantes
Cuando tus manos toman mi angustia
Mientras tomamos un taxi
Para ir a ninguna parte.

Para descubrir que el universo
Es un silencio escondido entre tus ojos.

III

Para ser libre até mis ojos a los tuyos,
Para descubrir que mi historia es un laberinto
Del que no quiero salir

Los barcos de papel de este aguacero han naufragado una vez más
Tu recuerdo es el tripulante de esta pena

Navidad sin ti
Navidad antes y después de ti
Navidad dentro de ti
En mi propio naufragio
Ahogado de silencio.

Una sirena a lolejos
Anuncia días tristes
De enmiendos cotidianos,
de nuevos silencios
menos largos
que aquellos que nos dieron al nacer.

Una araña se descuelga desde el techo
Sobre tu pecho desnudo
Y sus ojos anuncian
El regreso del amor
Y de los insectos en la batalla.

jueves, diciembre 07, 2006

Segunda Historia de Karim

Igual que un reloj de arena
El tiempo se nos fue acabando

Y nos dimos cuenta cuando habíamos doblado una
Esquina

Amada, con mis tardes de lejanía
Tanto aguardé este tiempo para incendiar las flores de un
Sepulcro

El tiempo va a llevarte de la mano
Por donde los dobleces de la vida nos llevaron
Y harán que volvamos a encontrarnos con el rostro
Envejecido

Tejiendo poemas en un rincón de la vida a solas
Aguardando los crepúsculos que fatalmente ya no han de
Llegarnos,
Curando las heridas de viejos amores que arañaron
Nuestra tristeza
Cuando creíamos que estábamos ya muertos y nos
Disponíamos a morir.

Karim, tu seguirás encontrando a Dios en el pan de cada tarde de domingo
Yo, lo seguiré buscando en los suburbios de ciudades
Desconocidas.

En Bagdad entre cadáveres ausentes por el hambre de los tiranos
O en una calle de Lima junto a los vendedores de ketes
Junto a los morenos que cargan el anda del Señor de los
Milagros.

En las balas fratricidas del camarada Javier, en su pecho,
En sus manos

O en una quebrada en Bolivia donde cayó Ernesto
Guevara
Cuando los siglos eran limpios
Y los batracios reinaban el agua que hoy bebemos con dulzura
En esta sed espantosa que nos hace llorar.

Tú caminarás Karim por valles de asfalto cada vez más tristes
Entre luces de Neón hasta llegar a tu trabajo
En alguna farmacia en donde vendan aspirinas y
Decadrón
Y te acordarás que te gustaba el otoño por sus flores
Secas que el viento mecía.

Te acordarás que a las cuatro de la tarde de un día de diciembre
Vimos a un muerto envuelto en una bandera azul,
Que la gente daba vivas porque decían que no había
Muerto

Aunque sabíamos que su ataúd era su última ausencia.
Después que otros otoños nos hayan golpeado
Cuando descubras que tu hijos tienen otros nombres
Y que vives en otra ciudad
Te olvidarás que una tarde cualquiera enjugaste mi llanto
Sentada a una banca a la que nunca volverás
Con esa sonrisa de niña que juega a media mañana
Con una flor seca que ya nunca más tendrás.

Yo para entonces me habré llenado de años
Quizás otros caminos me hayan devuelto al silencio
Ya no podré gritar que te amo
Ya nadie murmurará lo que siento.

Quizás para ese tiempo sólo tu recuerdo me llame
Y me encontrará escribiendo la historia de Karim.
En un rincón de la casa mientras mis hijos duerman
Y las estrellas de un recuerdo me digan distantes
Tu nombre…. Karim, karim.

sábado, noviembre 18, 2006

Me gusta el olor de las librerías


No me gusta el olor de los hospitales
Las batas blancas y pasillos
Acaban deprimiéndome
Siempre.

Los pisos vinílicos
Con sus desgastes continuados,
Con sus huecos perseguidos por rutina.

No me gusta amarte con tus ojos puestos en tus pacientes
Ni con tus historias clínicas.
Prefiero mis historias
Sin cifras ni corticoides
Prefiero el olor de las librerías
Y de papeles
Ellos son más humanos que los niños que traes a diario al mundo.

A este mundo más salvaje cada día.

No me gustan los hospitales ni sus puertas carceleras
Ni las angustias que los transitan en cotidiano
Ni tampoco la sonrisa de esa mujer que cobra en la caja
Y que cobra las heridas por adelantado
Y que cobra las “altas” por adelantado

No hay mucha diferencia entre estar preso y estar enfermo
En ambos se vive un encierro
Involuntario
Por eso no me gusta olerte cuando regresas de traer niños al mundo.

El olor del quijote es más humano que el de la penicilina.

Por eso obstetriz amada
Tengo miedo de acabar enamorándome de la chica triste
Que vende en esa vieja librería
En esa donde compramos Hola y Buenhogar
Y ese aburrido diccionario farmacológico que me deprime mucho más.

Una librería es más humana que una farmacia
En la primera se vende medicina para el alma
En la farmacia frascos de esperanza.

Por eso la gente entra feliz a las librerías y angustiada a las farmacias.

No me gusta el olor de los hospitales
Porque algo de muerte hay en ellos
Blanca, negra aséptica hondonada de silencio y amargura

Prefiero tu mirada limpia en la mañana
A esa en que las palomas se despiertan sin angustias
Blanca, blancas, como tu bata de hospital.
05/11/06

jueves, junio 22, 2006

CARTAS A EDITH



Hasta la distancia inquebrantable de tu tumba...


PRIMERA CARTA A EDITH

Edith,
Te habría amado toda una vida
Con mis dedos hundidos en la tierra
Como raíces milenarias de los pueblos,
Pero no tuvimos tiempo
Y tu sangre
Se hundió en la tarde, tu boca calló los versos
Y en tu corazón se hizo el pan
De tardes nuevas.

Te habría besado en la boca Edith,
Un niño habría caminado
De la mano de tu risa,
Pero no hubo tiempo
Ni siquiera hubo tiempo para conocernos,
Por eso hoy te escribo estos versos
Que te buscan en el recuerdo
De la hierba silvestre
Que hoy crece sobre tu muerte.

Te habría amado para siempre Edith
Te lo digo en medio de este invierno
Que me duele,
En este pueblo que sangra diariamente,
Pero apenas nos dieron tiempo
Para volver en el vaivén incesante
De nuestros días solos.

Te habría amado eternamente Edith,
Eternamente hasta dibujar tu sonrisa en las piedras.



SEGUNDA CARTA A AEDITH

Hubiéramos caminado entre abecedarios
De tiempo
Sembrando en la tierra geranios y retamas,
Te habría hecho una corona
De laureles y retamas
Y en la larga noche
Hubiéramos liberado a las luciérnagas de sus prisiones.

Pero los hombres llegaron antes Edith
Para arrancar las moras de los días
Y nos enseñaron a jugar a la guerra
Con moras rojas
Y las calles se hicieron más largas
Cuando una colina de musgo
Sepultó nuestra inocencia.

Te hubiera entregado mis versos
Para hacer un puente hasta la otra orilla,
Te hubiera amado como se ama a una estrella
Azul y lejana, en el cielo y con el alma.

Pero nos separaron Edith
Y hoy te recuerdo
Con esa sonrisa de flor junto al camino,
No dejaron que te encuentre
Por eso ahora que estás muerta
Te lloro y te escribo.

Para que sepas que te habría amado toda una vida
Con mis dedos hundidos en la tierra,
Con mis manos hundidas en el pueblo Edith,
En nuestro pueblo, mi tierna Edith.



TERCERA CARTA A EDITH

Fuiste otoño derrumbado
Sobre caminos polvorientos,
Pero tus pasos fueron un vuelo de mariposa
Atravesando las montañas.

El hambre de los niños tomaba tus cabellos
Y tus manos aplastaban flores frescas
Para pintar tus labios rojos
(niña blanca y transparente)
Yo entonces te buscaba en la vigilia
De poemas inacabados,
Entre cárceles sembradas de inocentes,
Entre el aroma de la hierba
Que crecía sobre tumbas nuevas.

Tu sangre Edith
Un día se regó sobre la tierra como una lluvia,
Pero ese invierno no era bueno
/Inocente pájaro sin madrugada/

Mis manos llegan hasta ti cuando acaricio la lluvia.

Otros caminos
Van a llevarnos a perseguir mariposas.
La bandera de tu amor
Se agita en este llanto.

No voy a olvidarme de tu vuelo
Paloma blanca,
Mis brazos llegan hasta ti Edith
A esta hora que tu sonrisa resucita en mi recuerdo.



CUARTA CARTA A EDITH

De repente abro viejos papeles para buscarte,
En el aroma de las flores rojas de geranio,
En un minero sin voz
Que cruza solo, una calle de Hualgayoc.

Te había hablado de mi pueblo
Lleno de casas de adobe y techos de paja,
Viejas puertas enlutadas cada semana.

Edith
Te dije que las piedras azules
Eran un camino largo al cementerio.

Esta noche que te escribo
Sigo recordando tu sonrisa detenida en el tiempo.

(Que ganas de buscarte en el ayer
Para ir a amarte
Llenar mi alforja de pan y de flores
Y de una piedra si es preciso
Para que nadie persiga tus pasos por la hierba)

De repente abro mis manos para buscarte,
Te busco en mis uñas, en una cicatriz de infancia
Y en esta piel como si fuese un mapa,
En mi propia piel envejecida.
Estoy en Hualgayoc ahora Edith,
El pueblo que nunca conociste
Excepto por esta carta,
Porque nunca es tarde,
Porque pudimos estar los dos bajo la lluvia en este instante.



QUINTA CARTA A EDITH

El río baja rodando angustias
Aquí no crece la retama.

Pero aquí Edith
En mil setecientos ochenta y dos
(Después que mataron a Túpac en el Cuzco)
Vivió un cacique triste
Que los hispanos secuestraron por temor.
Guamán Cayotopa
Tenía frío en las alturas y en las lluvias.
Dos de sus hijos nacieron en este pueblo
En Gualgayoc
En Micuypampa
Aquí donde no llega el calor de ninguna tarde.

Algo de esa historia se sacude en este pueblo
Sobre viejas paredes derruidas
Bajo enormes aldabas,
Algo que se desliza por el pasado
Como una sombra rota entre las piedras.

Por eso Edith,
Entierro mi pasado en este pozo de flores salvajes
Sin retamas ni geranios. Tu sombra llega desde lejos
A esta pena deshabitada
Ya no van a herirte las palabras de los hombres.

Nadie va a lastimar tu recuerdo
Mientras mi palabra se agite como una espada.



SEXTA CARTA A EDITH

Edith, he tocado una puerta vieja para buscarte
Entre los viejos maderos de su historia.
Las hormigas también cargaban los tallos y hojas
El día que te abandonaron muerta
Sobre la hierba y la tierra.

Las heridas dejaron de sangrar
Cuando tu sangre humedeció las piedras.
Los perfiles de tu palabra
Fueron llevados por los gorriones
Ese fue el olivo de la esperanza
Para una barca que te aguardaba cerca.

Voy a dibujar tu rostro
Con el barro de los caminos
Con la tierra y con el agua de los pueblos.

No tuviste tiempo
Para planchar las arrugas de los días
Que envejecían como amarillas escrituras
Guardadas en el rincón secreto de la casa.

No dejaron que te despidas
De los días de eneros que amabas.
No dejaron que mis brazos
Amen tu silencio de paloma.

Por eso escribo esta carta triste para buscarte
Frente a una puerta de madera envejecida
Porque sé que lanzabas pan a las palomas
Que surcaban el cielo de la patria
De nuestra paria hoy menos blanca.



SEPTIMA CARTA A EDITH

Habitamos calles vacías
Llenas de muerte.

Habitamos la tristeza de los inviernos
Que brotaban de las mañanas en décadas amarillas.

Nuestros hijos
Nos miran desde ventanas enrejadas
Desde las que nunca nacerán
Y los hijos de aquellos que se llevaron sin retorno,
Sin piedad,
De aquellos que rodaron sus pupilas
Al mañana inacabado de la sombra.

Habíamos habitado antes una casa vacía,
Casi muerta
(Las casa mueren de Soledad Edith
Y de olvido como algunas tumbas
A las que no les llega el recuerdo
Y los días las cubren de tristeza)

Habíamos habitado una casa sola,
Ajena
A la que solo nuestro canto silencioso
Llamaba
Ahora que cae la noche
Me acuerdo de tu rostro en el perfil del tiempo
Mientras una estrella fugaz
Cae a mi corazón de niño.



OCTAVA CARTA A EDITH

Para ti he desvestido los días
Y he tejido mis insomnios en noches estrelladas
Y he dibujado
En aguados cielos
Tus pupilas rebuscando en las praderas la mañana.

Para ti recogí las hojas secas que los días
Arrastraban en bandadas a tu tarde,
A la hierba fría que hoy retiene tu aliento
En una cerca de geranios blancos.

Por ti he visto arder el mundo en el invierno
En llamas fugaces de madrugada.

Por ti he perseguido a los caminantes
Hasta los campos donde crecen los recuerdos.

Y para ti
Entierro mis manos en la tierra
Donde el pueblo siembra siempre su tristeza.








sábado, junio 17, 2006

LA DANZA DE LAS HIENAS


Hemos perdido aún este crepúsculo
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
Mientras la noche azul caía sobre el mundo

…¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
Cuando me siento triste, y te siento lejana?

Pablo Neruda.






I

El aullido de las hienas despertó mi corazón
Cuando llovía en tu regreso.

El canto de un ave salvaje
Se perdió tras los huracanes de tu pena.

Y los jardines de la noche aguardaban a que volviésemos
A hundirnos en sus charcos.

El mar no pudo sumergir toda la pena
Que los días arrastraron a mi costado.

No pudo ahogarte el olvido que bebí como un veneno.

No pudieron los crepúsculos olvidar nuestras siluetas
Mordiendo las gargantas de la vida.

Si después, cuando regreses,
No vayas a encontrar mi voz en mi garganta,
Si no hallases mis ojos en sus cuencas aguardándote,
Si no vuelves a encontrarme como ayer.

Y palomas heridas te persigan

Y hienas salvajes te circunden en una danza mortuoria
Con sus ojos luminosos como faros de Belial


Mientras sus risas caigan al polvo de los reptiles.

Acuérdate de mí como ayer.

Acuérdate que en mi corazón germinó la semilla del amor.
Sólo así las gaviotas que me secuestran me liberarán.

Sólo así el viento desatará
Mi cautivo corazón para siempre.

La danza de las hienas no podrá tocarte
Mientras guardes en tu pecho la espera de los parques
Y vuelvas como ayer con tu inocencia
A persignarse en los templos o al cruzar la calle.

La danza de los años no va a lastimarte
Mientras bebas el agua de mis manos
Y a media noche liberemos las estrellas de las osas
Sin mediar batalla alguna.

Sólo mi amor como un puñal puede cortar las cuerdas que te atan a esta pasión.






II

Seis de la mañana al filo de la vereda
No me acostumbro a tu nombre.

Voy a renegar una vez más y estoy cansado.

Voy a abrirme las venas para ver mi alma.

Cuando vuelva a caer la noche
Besaré otra vez la foto del silencio
Que tengo en mi pecho herido.

Después de ti mi vida se perderá por un camino largo
A donde sólo las hienas se atreven a seguirme
Para ver que extremidad pueden morderme.

Después de ti mi cuerpo desnudo alimentará a los
rapaces más queridos de la pradera.

Después de ti mi sombra se hundirá en la nada.

Sé que están aguardando en las praderas
Al día en que me quede dormido
Para llenar mis cuencas con el grito de sus risas.





III

Sólo tu voz voy a llevarme
Por el camino.

Cuando el viento de agosto golpee tu rostro
Hasta dolerte.

Sabrás que mi voz no era mentira
Y que mis ojos ausentes de los tuyos
Ven inviernos nuevos en el alma.

De ti brotó mi vida una mañana
Como una catarata de angustia hasta el vacío.

Mientras te busco en el río inútil de los días
Tardes amarillas devoran mi corazón
Como un nido de abejas.




IV

La vida es un puñado de días muertos, me decías
Y el viento se llevaba tus palabras
Por paisajes pintados por el miedo,
Dios no tuvo tiempo para oír tu voz

Dios nunca tuvo tiempo
Desde que adán mordió el anzuelo de los días.
/Fue ahí cuando Dios encontró el pretexto para abandonarnos/

La vida es un puñado de felicidades muertas, me decías
y yo sabía que te amaba.

Se derrumbaron los silencios y el enero
Y yo sabía que te amaba.

Las hienas se reían de mi pena
Y yo te amaba.

Los eneros se derrumban con el tiempo
Los febreros agonizan en tu beso.

Cuando haya partido, mi voz trepará
A las cavernas del cielo
Y los eneros ya no me buscarán para escondernos.



V

En tu vientre crecieron las enredaderas
Que vararon en la blanca espuma del deseo.

Fueron los días, solamente.

Fueron las olas colgadas de la espera.

Fueron tus ayes colgados de mi garganta
El último crepúsculo de mi voz.

Yo, como a todo, a ti también te llamaba en mis noches de vigilia.

De ti se descolgó el universo cuando el dios que lo tenía sujeto de una telaraña se quedó dormido.

De tus manos de barro y días cayeron mis tardes como un puñado de maíz lanzado a las palomas.

Mientras en tu vientre crecían mis días solos, soleados,
Perseguidos, llenos de nervios.

Corrían las aguas turbulentas de mis amores.

Y yo también, al igual que tú sabía que rescatar la vida era imposible.


VI

Naciste un día como todas, con el llanto desteñido,
Tu casa era un laberinto azul
Al que tus ojos se asomaban a ver caer las tardes,
Nadie te dijo que la vida era una larga batalla,
Nadie te dijo que la vida era una batalla inacabable.

Se burlaron de nosotros las estrellas
Y fugaces meteoros se hundieron en el mar avergonzados.

El maná nunca llegó a nuestras bocas hambrientas.

Dios nos miraba desde su distancia altísima
Sin perdonarnos el pecado de ser hijos de sus hijos.

El gran abuelo nos dejó en el mundo vendiendo golosinas
En las esquinas de las calles.

Y nos envolvió en una sábana blanca sin darse cuenta
Que aún estábamos vivos.

Naciste un día en que el sol se había marchitado
Y yo te esperaba preocupado,
Sin saber si me hallarías.

Hasta que un día floreció en tu vientre mi cansancio.




VII

Cuando el amor emerge como una madrugada
El corazón se vuelve un puñado de sangre.

Tú huiste con los venados del alba
Cuando el frío rocío de la mañana aún no despertaba.

Y las viejas beatas contemplaban con envidia
Tu feliz azul mirada,
Te miraba con envidia la mañana
Y llevabas en tu vientre el torrente tibio de mi alma
De mi voz,
De mis palabras perseguidas por la nostalgia.

Huías de la mañana como huyen las estrellas cuando llega el alba.
Huyendo/
Prisionero me quedé en la cárcel del vacío.

Y el amor se marchó como una blanca paloma
Perseguida por las piedras del murmullo.

Mañana cuando regreses con las llaves de mi prisión
Te estaré esperando a la sombra de tu adiós.





VIII

De ti vinieron las tardes
Trayéndome otros caminos.

Yo no sabía que cantaba para ti
Cuando ayer rompía las madrugadas.

Yo no sabía que en una esquina de enero
Íbamos a bebernos la noche.

Sí después, Rosa triste de mi tarde
Vientos otoñales marchitan tu corazón
Y lo arrastran al panteón de los días.

Sólo allí cerraré los labios y mi canto,
Sólo allí sucumbiré sin batalla,
Sólo entonces coronaré mi frente con tus ayes.

Mientras tanto
Sigo cantando con el viento.





IX

Por ti detuve el tiempo en la palma de un niño.

Por ti anidaron las gaviotas en mi corazón
Cuando estaba años deshabitado.

Por ti viví entre las arañas como un insecto disecado.

No sabía que el tiempo vararía mi felicidad
Como un trozo de naufragio que el mar arroja
A una isla desierta.

Cómo imaginar que los vientos del sur
Te arrancarían de mí
Como una cometa que se pierde en la distancia.

Hoy un nudo de pena ahorca mi garganta
Cuando me acuerdo de ti.

Por ti tomé una espada, me volví pirata
Y abordé mil tardes
Antes de decapitar sus seis de la tarde pensativas.

Por ti me asomo a los balcones diariamente
A ver si un mendigo te trae entre sus palmas tibias
Y
Nada.




Por ti me asomo a los aguaceros para preguntarles si no te traen en sus cantos
Y
Nadie te ha visto con tu traje de tristeza y tus ojos vacíos.

Le pregunto al silencio que sabe de ti
Y no sabe responderme.

Hoy que dan las seis en esta tarde hermana
Los luceros lentamente surcan el firmamento
Como perros que persiguen la luna
Y nadie sabe que ha sido de tu marchito corazón.





X

Mañana cuando el tiempo nos haya acorralado
Y no tengamos en el pecho la tibieza de de ningún amor
Y los hijos nos juzguen desde sus ventanas
Mientras el sol llegue a nuestros ojos pensativos

Vas a acordarte de mi voz.

Mañana cuando las risas sean una vieja melodía
Inexistente
Y haya trepado por nuestros cuerpos la enredadera de la vejez.

Vas a acordarte de mi amor.

Mañana cuando apenas la sombra nos acompañe para mostrarnos que hemos envejecido
Y los insectos detesten nuestra piel por su corteza
Impenetrable.

Vas a acordarte de este abril.

Y aún cuando un hoyo nos sumerja en el negro intenso de su interior

Y todos se marchen dejando regadas las rosas que amábamos

Vas a acordarte que en el patio azul de mi amor se enterró tu corazón.





XI

Hoy es jueves, afuera el aguacero canta himnos de amor

El amor que te circunda es un barco de papel
Cuidando tu solo corazón.

No hay jueves sin dolor, jueves nací
Agonicé años después largas madrugadas.

Mañana iremos al limbo para amarnos.

Mañana vamos a preñar la mañana de felicidad,

Y si los lagartos espiasen nuestros cuerpos desnudos
Alborotando el silencio de gemidos
Vamos a escondernos en el vientre del mundo
Como dos raíces ahogadas,

A donde sólo llegue la voz de los días.




XII

No te perdono el haberme querido.

No te perdono el incendiar mi corazón como un Nerón
Cuando más te amaba.

Voy caminando
Guerrero herido y cansado/ voy llegando a mi aldea.

Los pañuelos del retorno se agitan

¿A dónde volveré si tu no estás?

No te perdono el haberme querido.

No te perdono el haberme abierto el corazón
Con un puñal de adiós
Y haberme abandonado en medio del otoño.

Mañana me voy a olvidar de ti.

Mañana desertaré de tu amor para siempre.