domingo, junio 11, 2006

VENTANAL NOCTURNO AL VIAJE DE CAIN


A ti, que a esta hora debes habitar algún suburbio.


1


Después de la tarde,
Entre tus manos las avenidas se hacían pequeñas
Para el regreso,
En el centro de la casa había un hoyo de soledad que reflejaba
Un mañana sin mañana
Y las moscas desde la ventana contemplaban los últimos días del hogar,
El ruido inmediato,
Desposeído,
Se apoderaba de los rincones donde las arañas dormían el último invierno cálido de ayer,
Unas flores sobre la mesa
Desataban el recuerdo del jardín ya sin fragancia
Y un frasco de Nescafé casi vacío como nuestras vidas
Meditaba seriamente sobre su jubilación adelantada.

Para el último recibo de luz sobre un mueble abandonado
La sentencia definitiva le había sido dada
Y la poca luz de los días de aquel setiembre
Ya nadie nos facturaría nuca más.

El perfil de las tardes de aquel entonces
Llegaba como un incendiado crepúsculo desde el oeste,
Nuestras sombras alargadas por la pena de lo irremediable, surcaban infatigables las últimas horas del hogar.
Por eso la navidad fue tan vacía en aquel año
Y tan insípido el amarillento año nuevo
Porque los días sabían que sería el último en que tu aliento acariciara mis noches
Por eso el cartero cansado de golpear tantas veces sin encontrar a nadie
Se cansó al ver las tardes vacías
Y decidió regresar jamás.

Nuestro ayer ya había sido llevado a otra casa vacía
En una tarde de ausencia
Con nuestras últimas maletas para siempre.
En el lugar de la malva, florecía un macetero vacío
Y en los cordeles de la azotea
Nuestras tardes de enero estaban ahorcadas sin retorno.

Por eso cuando veo que el invierno atraviesa de nuevo las tardes
Frente a un frasco de Nescafé casi vacío
Me acuerdo de ti
Y de los últimos días
Y persigo a las moscas para olvidar tus ojeras.



TE FUIS AGITANDO DE VERDAD TUS NEGRAS ALAS DE MENTIRA

6

Te fuiste agitando de verdad, tus negras alas de mentira
Sabiendo que los días
Con su paso inexorable
Otros rostros traerían a callar mi angustia,
Y así fue
El cartero no encontró a nadie
Cuando fue a entregarme tu adiós
Yo habitaba ya lejos de distancia,
Tan cerca de la calle más larga
Donde años antes mirábamos las osas
En nocturnas veladas
Otro rostro ya
Había llamado a la puerta de mi estancia
Entre los libros amarillos que pude rescatar antes de mi destierro.

Otro rostro ya
Dibujaba sonrisas en mi noche,
Entre las rosas muertas de un ayer desdibujado en la ventana
Mientras tú volabas
En otras tardes, sobre tu exilio ausente

Yo para entonces ya no te amaba.

Yo para entonces comenzaba a olvidarte.

Yo para entonces en medio de un suburbio

Empezaba a habitar el otoño con mis pies descalzos,
Con mi mudo silencio,
Otro rostro apareció en mi noche,
Pero tú
Te fuiste agitando de verdad tus negras alas de mentira

Cuerva casi amada
Que a esta hora después de tanto tiempo
Como una sombra has venido sobre mi recuerdo,
Que aún después de tantos inviernos
Aún me llegan plumas negras
De un vuelo circular y lento
De tu agitado vuelo de verdad de tus negras alas de mentira.






EL MAUSOLEO DE JINNHÁ
12



En el mausoleo de Jinnhá, eternamente inacabado, yo recogía mujeres de la calle
Como un herramientero atroz que recoge las hojas del otoño
Vestidas de tristeza,
En medio de la lluvia cuando los transeúntes retornaban a su hambre
A beberse un café tibio en el rincón de la casa.

Tú ya te habías marchado con tu amiga cargando una maleta llena con mis tardes,
Ya el vecino me había advertido que no volverías hasta la media noche más dos
si es que volverías.
Y así fue
Cuando llegaste eran las dos,
Tu rostro iluminado por la noche de mi silencio me anunciaba un amor cálido y secreto
Ya te habíamos perdido y ella lo sabía mejor que nadie,
Ella te había ganado y lo sabía mejor que nadie,
Nos habíamos quedado sin ti y lo sabíamos mejor que nadie.

Por eso con nuestro hijo cada tarde jugábamos a la saperis
Para engañarnos que éramos felices
O leíamos a Rushdie intentando vivir en la india aunque sea sólo para olvidar
Que nuestra casa en un segundo piso estaba quedando cada vez más sola
Y llenándose de angustia.
Tu madre, una tarde, llegó con un cordón umbilical atado al cuello
Su última muerte estaba fresca en su garganta,
Un perro la olfateaba intuyendo un hedor que anunciaba carroña.
Su último nieto desesquematizaba la economía del nuevo padrastro y prefirió sentenciarlo,
Antes de ver la luz acabó en un desagüe como tantas veces, como tantas otras tardes,
Con tantos otros nietos inoportunos,

Menudo prontuario el de la doña.

Yo recogía mujeres en la puerta del mausoleo de Jinnhá
Y olía a coñac
Debo reconocer que más de una vez retorné ebrio a casa a media noche
y que otras veces no regresé hasta el día siguiente
Pero en toda esta historia fui más feliz que la doña por que no maté a nadie,
Fui más bueno que tu amiga porque no te hice el amor en hoteles de quinta
Y fui mejor que tú porque no te engañé más que con una mujer,
Aquella que recogía cada noche en el mausoleo de Jinnhá, eternamente inacabado,
Y Hoy ya casi olvidado.


Casa sin nadie
9


Dentro de la tarde
Sobre la mesa un llavero olvidado
Yace de ausencia.

Inútilmente espera la cerradura de alguna puerta.

Una mosca atraviesa el salón más cansada que ayer
Intuye su próxima muerte al borde de la cortina,
Los autos atraviesan la calle con angustia de agosto,
El viento más fuerte a esta hora
Golpea las ventanas con tristeza

Dentro de la tarde
Hay unas horas
Antes de que los regresos crucen la ciudad interminable
Y los buses cruzan llenos de gente
Sin ningún destino, sin ninguna orilla

A esta hora la angustia
Atraviesa mi garganta
Como una espada de pena
Que pese a todo no a de matarme
Y cuando dan las diez el miedo crece,
Miedo de llegar a una casa sin nadie
Con las ventanas abiertas y el vacío en el aire.


No te odio porque el amor es un sentimiento
Y yo por ti ya no siento nada


10


Te había esperado toda una tarde
Aún sabiendo que nunca llegarías…

Los otoños sólo arrastran hojas secas
El tiempo sólo poemas amarillos.

Debe ser por eso, que hoy casi catorce
Tu sonrisa desdibujada ha vuelto.

Cruzó el umbral de mi mañana
Y tus ojos se asomaron
Por un patio menos azul
Ya no existes en mi angustia,
Es decir,
Ahora eres la sombra muerta que el recuerdo a veces resucita
Como resucitan los rostros de ayer
En algún álbum lleno de fotografías.

Eres la página ya leída de un libro cerrado para siempre
De amarillo recuerdo,
De aroma olvidado
Como mis lecturas de poemas del ´60
(Cuando las aguas de este río
Eran gota de lluvia en la memoria)

Yo sigo creyendo a esta hora
Que los eneros son diciembres con trajes de tristeza.

Yo sigo persiguiendo a las mariposas
Y aún cuento los silencios
En los rostros de los hombres.

Sigo escribiendo en el aire las historias de los hermanos Grimm,

Sigo creyendo en la justicia de los hombres,
Y aún sigo pensando que los duendes habitan los hornos y los higos.
Y cada vez que soñamos las hadas nos transportan en sus alas
Al mundo de los sueños.

Como ves no he cambiado
Por eso aún me acuerdo de ti.

Ahora que creía haberte olvidado
Las palomas del recuerdo
Han venido con sus tristes mensajes
Para hacerme recordar que te has marchado.

Hoy casi cumpliríamos quince años de amor
Ahora en cambio sólo cumplimos
Quince años de desamor,
De perseguirnos entre juzgados y silencios.

De buscarnos heridos,
Abandonados
De encontrarnos a solas donde nadie puede vernos
Como aquel día
En que por última vez hicimos el amor en la casa de tu madre.

Como vez… yo no he cambiado
Tu amante ya no me busca para quebrar mis ventanas
También ella se ha cansado de perseguir a mi sombra.

Esa sombra que hoy se desliza
Tras la noche fría de este jueves
Ahuyentando a gritos tu recuerdo.

Con un traje de perro y una mancha en la frente
Caigamos a la profundidad de los papeles,
A la ira de las palabras encadenadas,
A manifestaciones tenazmente difundidas
A sistemas envueltos en amarillas hojas.


PABLO NERUDA.


EXPEDIENTE

Con un traje de abandono entre las calles, subiendo y bajando escalinatas,
Descendiendo otra vez hasta el día siguiente.

Y los gritos horrendos de un bebe muerto en medio de la tarde.

Pasillos silenciosos de hospital y de denuncias, negando lo negado.

Un testigo de Jehová vocifera mi nombre con amargura pegado a la pared,
Para no ser visto por Dios,
Dios ha empezado a odiarlo mas que yo por negarme ver a mi hijo de cinco años,
Mi hijo de cinco años esta llorando a la distancia por no verme
Yo he llorado siglos desde su ausencia.

Una jueza entra y sale examinando la condición humana de estupidez humana
Relee papeles amargos llenos de mentiras y de horror ydeduce que es estúpido todo eso y mas

Ellos quieren asesinarme, desde frente,
Mi naturaleza extendida los precipita por un abismo de ira,
Anatemas del alma, miradas envejecidas por la amargura y el odio.

Yo apenas, una sonrisa, una vida, una ausencia, una verdad.

La tarde persigue a las horas fugitivas
Un expediente bajo el brazo del secretario anuncia que no he muerto,
Unas firmas al final anuncian una tregua.
Un desespediente bajo el brazo se marcha por los mismos pasillos
Y nosotros tras él deshumanizados marchamos hasta la siguiente citación
Que llegará con hedor a mentira
Ahogando la mañana y los cristales rotos de la ventana sin sentencia
Abrazarán a la tarde como siempre.

El hijo de cinco años dormirá a la distancia, hasta que sus captores decidan liberarlo
Mientras fabrican expedientes para mentir que tienenrazón
Y Dios desde el cielo los mirará en silencio.

Y el domingo de puerta en puerta predicarán la palabra de Dios.


Hunden sus manos en el asfalto de la mañana mientras ensayan sonrisas,
Las puertas se abren y vuelven a cerrarse, no se quiere más mentiras sobre nadie,
Ni de la virgen María, ni del padre violento, el viento también huye a otras praderas.

Solo las moscas se acercan por el hedor de sus caminos
Pero no les interesa las guerras con santos, ni oir mentiras sobre el Papa, ni el estilo barroco,
Por eso también se marchan con el viento y los pajaros vuelan mas distantes cansados de mentiras.

LA BALADA DE LOS INSECTOS



I


Nos robaron los ojos
Mientras dormíamos
Y los arrojaron a un lago.

Nos robaron la palabra
Y empedraron calles y avenidas
Con los cráneos del otoño.

No nos dijeron nada
Simplemente
Las enredaderas treparon nuestras gargantas
Y bandadas de palomas nos trajeron la noticia.

¡Y cómo creer en la resurrección!
Si ni siquiera nos sabíamos muertos
Hasta que el perfume de los geranios
Llamó a nuestras tumbas.

Nos robaron la tarde
Y mil palomas sucumbieron en el vuelo.




II


Desterrados estamos
En nuestra propia tierra,
Y el otoño
Ya no sabe igual
Al otoño del ayer
En que sentados a la mesa
Éramos todos felices
Y después;
De nuestras manos humanamente tibias
Brotaban historias larguísimas.


Hoy las batallas nos aguardan
Tras los verdes helechos
A donde la luz de las lámparas
No puede alcanzarnos


Y
Si
Llegaren a matarnos,
A arrancar nuestros dientes
Y nuestros ojos
Volveremos en la noche
Cuando estén dormidos
Simulando ser arañas
Con los ojos grises
A terminar de ver crecer los enjambres
Y ver caer las torres
Como cae hoy la sombra
En esta tarde de silencios.

Volveremos con el otoño
Simulando ser el viento en la batalla



III


Ha llegado la hora
Este es el momento
Mariposas amarillas nos aguardan
Para llevar nuestros cadáveres al cielo.

No te rías hermano,
Hay espuma más allá de los cristales,
Donde los anfibios
Aguardan nuestra victoria.
Allí
Donde mil escarabajos sucumbieron sin batalla

Ha llegado la hora de enterrar amores
Para vivir dignamente.
Nuestras risas al final de la batalla
Coronarán la angustia
De las madres.

No puedo decir más
A esta hora en que se ha marchitado
El corazón del mundo.



IV


Mañana moriremos
Y partiremos
Sin habernos despedido.

Por eso es preferible
Tomar una taza de cedrón
/Hoy
Aún que queda tiempo /

Y
Fumarse un cigarrillo
En una esquina,
Mañana moriremos
Y el silencio
Saboreará nuestros huesos
Blancos.

Iremos todos
Sin sonrisa,
Sólo los insectos fecundarán
Nuestra carne muerta,
Sólo ausencias volando,
Sólo insectos solitarios
Y
Nuestras batallas cotidianas
Morirán como las rosas.


V


Después dirán que fue mentira,
Que fue falso
Y
No
Comprenderán
Nada.

Cuando amanezca
Caerán las torres y arderá el crepúsculo.
Volverán los años viejos
Y las estrellas de nuevo
Brillarán en las frentes
/como ayer/
Resucitarán nuestros muertos a combatir
Y sus huesos serán
Los candelabros
De la llama eterna de la libertad.




VI



Lo llamaron de todo
Le dijeron cerdo,
Le dijeron perro,
Le dijeron las cosas que él nuca
Hubiera querido que le dijeran.
Pero le dijeron tantas cosas
Y,
Quien pensaría después
Quien iba a imaginar siquiera
Que en el día del holocausto volaría hacia la luz eterna.






VII


Era un insecto común
De aquellos que viven en la oscuridad
Frágil,
Pensativo,
De grandes alas
Y silencios eternos.
Diríase que era, en fin,
Un insecto sin mayor rareza,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto,
Un insecto solamente
Hasta que una mañana aprendió a volar
Y fue luz,
Agua,
Esperanza
Aprendió a pensar,
Aprendió un himno,
Y un día anfibios cazadores
Capturaron sus sueños,
Arrancaron sus alas una a una,
Arrancaron sus patas una a una,
Le extirparon sus ojos
Y el insecto hecho silencio
Partió a dimensiones celestes.
VIII



Luciérnagas
Enciendan sus luces.

Ha llegado la hora
De incendiar las auroras
/los ojos del ayer
No tuvieron tiempo suficiente
Para verlo/
Vayan despacio,
Vayan,
No hay tiempo
Para las despedidas,
Al final
La eternidad observará nuestra marcha
Los hombres
Son hombres
Viviendo como hombres
Y diariamente
Morimos;
Salgan por los ojos,
Mudos
Afuera el aire
De un nuevo día
Aguarda.
Ustedes se preguntarán
A donde fueron todos
Yo mismo me pregunto
Y nadie me responde,
Dejen sus guaridas
Que las rosas aguardan el retorno
Y el
Fin del tiempo
De nuestro destierro.

Las estrellas y la hierba
Tejen el destino final
Más allá
Cuando las copas vacías del silencio
Se quiebren
Empezaremos otra vez
Trepando
Enredaderas
A los balcones azules
Que nunca conocimos.



IX


Las arañas sucumbieron
En el campo de batalla,
Sus cadáveres quedaron en las retinas
De los reptiles
Y
La muerte
Fue feliz.



X



No fue ayer,
Fue un día lejano
En que el otoño mecía penas tristemente
Y sus ojos transparentes
Atraparon sus gemidos.
Arañas tristes,
Arañas tan tristes
Arañas eternamente tristes.
Mis dientes saborearon su tristeza,
Su llanto helado
Muriendo entre la tarde
Ahora me doy cuenta
Y
Me
Arrepiento
De haber sido hombre
Y no un insecto
Y no una araña
Y no un silencio.
Cuando la noche calla
Y nadie murmura
Las arañas se descuelgan del infinito
Con sus ojos huecos
A ver morir la ausencia
Silenciosa de la balada.



XI



Si
Después
No queda nada,
Si
Después
Los reptiles
Atraviesan nuestros cráneos
Con un dardo envenenado,
Las sombras
De nuestros cuerpos muertos
Fecundarán los huevos sepultados
Y
Aún
La sombra misma
Renacerá
Y nuestras tumbas
Harán crecer los verdes helechos,
Infinitos
En los que anidarán todas las aves,
Helechos
Tejiendo esperanzas,
Helechos
Surcando nuestro sueño,
Helechos
Eternos
Que brotan
Con la primera lágrima de un niño
Que a mitad de la noche
Llora de hambre.




XII



Las calles vacías
Y el otoño golpeando las ventanas,
El ayer intacto
Los grandes árboles detenidos

/ El campo de batalla
Es un obelisco de silencio/

Dos insectos hacen el amor
En el durazno
Y sus enormes sombras
Son dos monstruos
Devorándose la tarde.
Sus ojos de lechuza
Saben que su tiempo
Es infinito
Aunque antes de media hora
Tengan que morir eternamente




XIII


Fecundado el pensamiento
Los escarabajos cargaron sus huevos al destierro
Y la vida se fecundó en los rincones
En el castillo transparente
De unas redes plateadas.

Hasta allí llego una tarde
La noticia trágica del deicidio.

La libélula celeste
Había muerto inútilmente.

Sus grandes ojos
Fueron secuestrados por los anfibios,
Filudas lanzas venenosas
Cortaron su cuerpo
Al final la tierra saboreó
El dulce sueño de su cuerpo
Y una balada azul de insectos
Hacía círculos mágicos sobre su tumba.





XIV


La ventana sola
Y la vida afuera detenida.
Consumido el último cartucho
Y la pena humeante
La vida escapaba en alas hasta el cielo

Hasta
El
Cielo



XV


Me crecieron alas una mañana
Y vi mis ojos enormes
Buscando el verde de la vida,
Me di cuenta
Entonces...
Que una melodía me llamaba
Como un canto de sirena
Llegó la hora de la despedida
Afuera nos aguarda la esperanza
Y
En
El alma
Un
Quejido.
Hondo
H
O
N
D
O
.



XVI


Fue en abril
Cuando cayó en las redes enemigas,.

Fue en abril
Y
Su
Retorno
Se hizo imposible,
Juan nadie había sido herido
Y junto a él
Pedro el herrero,
Abatidos
Por escalar un sueño.

Luego enterraron sus ojos en un pozo lejano
Y en otro más distante
Su corazón
Para que no retoñe nunca.

Su lengua fue arrancada
Para que nunca se oigan sus himnos
Y mutilaron su cuerpo.

Fue en abril,
En abril fue

Que se lo llevaron mil mariposas
En sus alas,
Fue en abril cuando la libélula perdió
Sus grandes ojos, transparentes,
Cuando arrancaron sus alas
Y un poco de vida
Como si con ello
No pudieran ver
Como si con ello
Ya no pudieran volar
(Es inexacta toda dialéctica
Con los insectos)

Han sonado los clarines
Ha empezado la batalla.

BALCON INTERIOR





A María Saona... hasta nuestro abril ausente.




Cuantas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
Y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
Y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
Llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
Substancias extrañamente inseparables y perdidas.

Pablo Neruda.






ADACUCHO

En la noche el silencio se apoderó del bosque,
La luna entre el ramaje
Tus ojos detenidos en los míos.
Mis manos atrapadas en las tuyas.

Y el canto lejano de un zorzal
A media noche.

Huimos del ruido para habitar el silencio
Una casa de barro rodeada de insectos
Horas detenidas
Arañas liberadas
Por el calor de una olla que calienta
Nuestra hambre de ayer.

En la noche mi alma se apoderó de tus besos
El viento dormido,
El mundo callado
Y el ramaje del bosque flotando en el tiempo

Un pájaro canta lejano.




PRINCESA CHANCA



Tu amor es una barca en mi noche
Una puerta de madera nos devuelve la mañana
Mil novecientos treinta y siete.

Namora es una flor
El valle esconde gritos que cargan las hormigas
Por túneles secretos.

Ya no vamos a buscarnos a las tres de la tarde.

Las dalias se agitan también.

Princesa Chanca
Hace siglos todo el cielo del Perú era tu reino,
Yo entonces coronaba tus tardes
Con esa corona invisible del tiempo.

Y te buscaba en las batallas que lidiaba
Buscando la prisión que te tenía secuestrada.

Princesa Chanca
Hace siglos te perdí entre jóvenes caciques.

Ya no he vuelto a morir,
Terminó mi última batalla,
Tu amor es una barca,
Tu amor es la llama que incendia este delirio.



CAMINO




Una flor en el camino
Roja,
Silvestre
Frágil.

Cipreses en otoño
Tierra cubierta de hojarasca.

Tu cuerpo atraviesa el bosque
Mis ojos siguen tu camino.

Mis pasos siguen tu destino
Las piedras ruedan al vacío
Flor roja de medio camino
Silvestre, frágil.

El otoño se ha partido en dos
Nuestros ojos lloran lo perdido.




NOCHE



La casa en medio del bosque,
Las sombras atraviesan el camino.

Noche de luna derramándose en la hierba
Los ojos de abril se asoman a mirarnos.

Ajenas al mundo
Una fila de hormigas va cargando nuestros sueños,
La madriguera de un escarabajo
Es una cuenca vacía.

Tus manos atraparon el viento
Un camino largo hasta la puerta.

El bosque tiene frío y la lluvia está triste,
Un ave perdida
Vuela hasta las tejas.

La hoguera de leña secas
Humea penas viejas,
El rocío de la noche se estrella en el follaje.

A esta hora un día
Te acordarás de este febrero
Y el agua fresca de tu mañana
Llamará a tu ventana
En gotas gruesas de lluvia buena.



AL PIE DEL ACANTILADO



Detuvimos el tiempo en un vuelo de mariposas
Un
Eucalipto
Agitaba el crepúsculo.

Resurrección de escarabajos
Al
Pie
Del acantilado,
La casita techo de teja.

En la casita techo rojo
Dos sombras
Untándose de amor bajo la luna,
Al
Pie
De la noche

Dos de la mañana
Sigo buscando tu recuerdo en la hoguera de mi amor
La tierra es fresca como mis sueños,
Un nido distante se mece en un molle
Es la casa deshabitada del amor,
Un nido abandonado.

Hemos vuelto al campo como ayer
Una cigarra canta
Más distante un grillo, el crepúsculo se enciende.
La noche es el pan que nuestra hambre devora.


CAMINO II



Tus manos me llevan a todos los caminos
Hay silencios empedrados
Y hay caminos que conducen a desiertos parajes.

Desde abril te amaba a esta hora.

Mi pena
Fue un camino
Por donde me iba
Para siempre.

Por donde me iba sembrando otoños
(Hoy recojo los inviernos)
Mientras buscaba en mi corazón
Hundiendo mis manos
En ese espacio vacío
De la ausencia



SEPULCROS


Hace siglos se amaron otros sueños,
Sueños que un día no tuvieron final
Y ya nadie despertó.

Por eso hay tumbas de piedra en este camino
(El bosque es una mortaja en de silencio)

Un día también ellos fueron felices
Y la misma luna los bañaba,
La misma
Que hoy humedece tu mirada.

Hace más de mil años
Los hombres del Perú
Aquí, también se amaban
Y aún
Entonces
El río era una melodía larga como ahora.

Ahora que floreces
Junto a las moras silvestres
Como hace mil años en inútiles batallas.

Nada puede el tiempo
Cuando el crepúsculo arde en la memoria
Y el viento trae ausencias
Sepultadas para siempre.




JALCA



A mitad del camino
Frío silencio de jalca,
Ichu desolado en abandono.
Hasta esta tierra
Solo llegan los ecos.

El cielo agoniza
En ocre tristeza
El frío me llama
Y tu recuerdo me busca

Como blancas palomas
Persiguiendo la angustia.



NOCTURNO DE AUSENCIA



Devuelvo tu mirada a la tarde
La atraviesa por un túnel de negras carcajadas,
Ahora ya no podemos mojarnos
Esta lluvia que llama a la puerta ya no nos pertenece,
Ni el pan que duerme a las seis en la canasta,
Tampoco el traje de enero
Que alguna vez dejamos tendido al sol.

Quiero sembrar en el río de tu pecho
Esta hora que me duele mientras camino en la calle,
Mientras rebusco entre fechas vacías
Nombres vacíos de gentes que están muertas.

Un viejo libro es la llave que me regresa alas sombras
Un niño en una esquina se devora su hambre
Con las únicas manos que le queda a la tarde
Con esa lengua de fuego que es el hambre en una esquina.

Por eso prefiero subir corriendo las escaleras del templo
Y le pregunto a la puerta si aún le queda aliento,
Un sacerdote cruza el umbral con las manos vacías
Y su ausente mirada me anuncia soledades largas.

Por eso me angustia tu ausencia y tu mirada
Aquella que ahora habita en mi recuerdo.



NAUFRAGIO


Anaranjados crepúsculos se agitan en las flores
El cielo es un espejo que dibuja la noche,
El canto de las últimas aves cruza el horizonte
Y el agua de las alturas también cae a la tierra.

Se desata el tiempo prisionero hasta los labios
Como llamas en el tiempo arde tu mirada
Hasta esta tarde llega tu recuerdo en olas
Al arrecife de mi amor en esta sola orilla.

Barco fantasma, niebla de mar ausente
Los trozos de un naufragio se arrastran en la espuma,
Agoniza la esperanza entre maderas rotas
Sólo tu amor inmenso da vida a esta agonía
Y resucita el tiempo para devolverme la vida.




BUSCANDO TU RECUERDO EN LA LUZ DEL ARCOIRIS




En este crepúsculo de crímenes sutiles
Como decapitar un trébol con los labios
O espantar a las mariposas de las flores amarillas,

En este crepúsculo de inútiles esperas
Que arañan tu recuerdo
También esta pena se cubre de sombra
Para buscarte entre una calle larga de días.

Por eso salgo a caminar por los abismos
En esos parajes desolados donde descansa la lluvia,
En ese retorno vacío al cual aún no has llegado.

Pero al final la tarde muere cubierta de silencio
Beata solitaria, reclinada hasta la puerta del olvido.
Beata de mi tarde a la que nunca llega.

Quiero buscar en este silencio dormido en la ventana
El eco de tu risa recorriendo mi sueño
Preguntando en los parques por tu regreso.

Por eso espero en las estaciones cuando se detiene el recuerdo
Tu rostro descendiendo a la tarde más feliz
A esa luz de arco iris que yo veía por tus ojos
Cuando nuestra sangre era un río arrastrando nuestro amor
A ese rincón silencioso que hoy arrastra tu nombre.


AUSENCIA






A la luz de esta lámpara te busco
Como un camino sin luz a mitad de la madrugada
Te busco en estos pasos
Como la canción que nadie ha cantado.

Un suave rumor cae del cielo en gotas finas
En esta tenue oscuridad de invierno

De mis manos escapan las sombras
Tras de tu ausencia,
Una esquina en la calle me dice que estoy solo,
Mi propia infancia ha vuelto a buscarme
Para jugar a la ronda eternamente tomados de la mano
Y la luz intermitente de tu ausencia
Asesina las sombras de esta pena.

Un perro sin nadie bosteza al otro lado de la calle
El silencio de sus ojeras cae al pavimento
Y ese suave rumor de la pena de no verte
Repica en mi alma de nuevo tu ausencia.




EL ÚLTIMO REGRESO



Recodo de nostalgia
Una caravana de gitanos camina por la orilla
De esta tarde
Tu rostro se ha esculpido en mi memoria
Sobre mi piel herida por las fauces de la pena.

Esta tarde de madera
También esta tallada de ausencia.

A veces el agua también se quiebra
En las frágiles pupilas de la hierba,
Allá a donde la luz de las estrellas no llega
En ese espacio donde la sombra plantó con sus manos
Los cristales cuajados de milenarias lágrimas.

Voy a trepar al monte más alto
Con mi niñez cargada en una manta
Con los tallos de geranios hurtados en mi propia tumba,
Pero esos pétalos no serán el equipaje de las hormigas
Ni el barco donde navegue el sueño azul de la mañana.

Tu amor como una sombra en la tarde
Se posó en la memoria de mil abriles,
Los mil abriles que no viviremos
Pero los pocos que alcancemos atarán nuestras manos
Frente a la grandeza del mar infinito,
Frente a las horas cautivas en mi pecho
Y beberemos del silencio cuando nuestras noches sedientas
Nos pidan a gritos el último regreso.





CAMINO DE HERRADURA



Esta dimensión inacabable se va calle abajo
Como un caballo que agoniza jadeante
Mi recuerdo se asoma al tuyo María.

De los dobleces de esta sombra uniforme
Solo quedan mis pasos trepando un camino de herradura
Arrancando flores anaranjadas para tu corona
De esta tarde de invierno.

Pero las horas destruyen los dolores
Una larga fila se detiene ante el jardín de tus ojos,
En esos lirios puros de tu mirada
Que mis lágrimas riegan cada madrugada.

Estas dimensiones tiernas alimentan a las aves
El agua que baja sobre las piedras te llama,
También la neblina que llega como una blanca sombra
También mi alma a esta hora de bruma.



EVOCANDO OTOÑOS



En esta hilera de tiempo que son las horas
Cayendo una a una como la lluvia.

La sombra de abril se desliza en ese traje solo
De tu mirada
Y de tu cuerpo desnudo,
En ese traje que ya nunca ha de quedarte como aquella vez
Con esa mirada que atrapaba mi voz
Para devolverla a la tarde, libre.

Y me diste alas cuando la lluvia mojaba mi tristeza
Tú abriste la puerta de mi prisión
Cuando estaba cautivo en rejas de sombra.

Y así las rosas florecieron en esos rincones fríos
A donde el aire no me llegaba,
Donde las estrellas sin cielo se refugiaban.

Tú tomaste mis manos cuando una garganta de olvido
Me había tragado
Y corría desesperado por los pasillos vacíos del mundo.

Por eso ahora salgo a buscarte
En ese horizonte encendido de tus labios bajo el cielo,
Como ayer cuando abril florecía en racimos,
Racimos en hilera de tiempo que son las horas.

Por eso ahora para buscarte
Abro mi corazón entre circunstancias desiertas
Y te encuentro suspendida en mi mañana
En esa larga espera de días nuevos.




ABRIL AZUL



Para seguir tus pasos he enterrado mi pasado
Aquellos días que dormían en el fondo de mis ojos
Una
Casa
Muerta
Y unas hojas que el otoño se llevo para siempre.

Desde esta ventana se ve la puerta de mañana,
Un camino a donde llega el tiempo como un río
Y el jardín lleno de invierno
Hasta el día que lluevan estrellas de tus manos.

Ese día Azul será una niña jugando en la cascada del tiempo
En esa hoy vacía, desposeída,


esa casa que ha crecido entre el musgo de los duendes
Que sembraron las cenizas del otoño
Bajo los perfiles de sus manos llenos de flores.

Por eso olvidamos sobre una piedra vacía
Las llaves que también olvidaron su destino,
Para amarnos abril hizo una corona de helechos
Y la noche te coronó con esa llama de los días.

Abril regresa cargado de distancias largas
Trescientos sesenta y cinco días sobre el polvo del camino
De mi ayer no queda más que ruinas,
De tu amor crecieron rosas en el cielo de mi noche.

Un patio aguarda a la lluvia que cae triste desde las tejas
Azul contempla de una ventana nuestro mañana.

La vida se anuncia en tu piel… afuera aún llueve
Mi amor llega hasta ti como una ola que se va y no regresa
Detenida en los días y en tu piel.

VANO EPISTOLARIO







A Jaime Javier, mi hijo, secuestrado inútilmente tanto tiempo.




Vaig com les aus quan ha perdut el fill,
Que giravoltem sense haver consol,


Joan Manuel Serrat





No es tuya la culpa ni mía
pobre pequeño mío


Blanca Varela.





Porque el dolor
Ha venido a buscarlo,
A inaugurar sus novísimas entrañas.

Y llora…


Luis La Hoz




Jaime Javier fue secuestrado por su familia materna, desapareció una noche de noviembre. Noviembre 21 de 2003 cuando tenía cuatro años. Nos despedimos con un beso. Al día siguiente él iría a un día de campo con su madre. Han pasado más de dos años y el día de campo aún no ha terminado.

I

Reconozco tu llanto
Entre todos los niños del mundo
Reconoces mi tristeza
Entre todos los hombres del mundo.
Y hoy
Ya no estás.
Las hienas se acercaron a mi ventana
A sonreír.
Las hienas salen a la calle
Y predican en nombre del señor.
Te han dolido estos días
De esta noche en la santa vereda de tu ausencia.






(CARTA III)
CARTA A TU AUSENCIA


Ha pasado mucho tiempo desde que te llevaron
Aquí seguimos esperando el día
En que amanezca y escuchemos tu voz,
no he vuelto a navegar en Internet como contigo,
las páginas en las que jugábamos
enmudecieron el día que te fuiste
Ya no hay ganas de ser feliz.
Ellos, los que te secuestran,
Los que te niegan mi mirada y mi voz
Y me niegan tu risa y tus abrazos
Se que te mienten diariamente sobre mí
Tú sabes cuanto nos amamos
Desde enero a diciembre,
Desde las mañanas de invierno
Hasta las noches frías,
desde el invierno frío
hasta la primavera
ellos no podrán negarnos más,
podrán esconder las fotografías donde juntos
éramos eternamente felices.
Podrán decirte que no viví contigo cuando eras un bebé
Como te lo dijo tu abuela la protestante,
Podrán raptar las tardes felices en un bote Navegando
O las seis de la mañana en la piscina,
O tu orgullo al contar en tu jardín
Que te bañaste con papito en la ducha
/mientras tus amiguitos aún se bañaban en una tina/.
Podrán esconder el caset de nuestras voces
Cantando Marco y los pollitos,
Van a destruir todo vestigio de nuestro amor
Pero no van a poder negar tu rostro,
Tus ojos, tu nariz, tu carita de niño preguntón
Y cada vez que te nieguen se van a acordar de mí.
Jaime, un día vas a crecer y preguntarás
¿entonces quién te responderá?
¿Quién va a seguir alimentando las mentiras
Cuando los años hayan pasado
Y ya no puedan negar que nos amamos?

¿Quién va a pagar la factura de esta infelicidad?
Ellos pueden salir los domingos
A predicar en nombre de Dios
Pero cuando su conciencia los interrogue
En sus atroces noches de insomnio
¿A quién le van a mentir?
Jaime, mañana, un día cercano
Te lo digo ahora que es enero
Y que una soga de angustia me ha colgado
Como a un cuadro al óleo a la pared
Si algo sucede,
Si ya no podemos tenernos de la mano
Para comer un helado,
Si ya no podemos ayudar a ningún ciego
A cruzar la calle,
Si ya no podemos jugar a contar
Las estrellas,
Si algo hasta ese día hubiera pasado
Acuérdate que íbamos al jardín de la mano,
Que jugábamos a la pelota en un pasadizo,
Que arrancábamos moras de una morera,
Que matábamos pingüinos en Internet,
Que sufríamos mucho con D’iblassio y su tristeza,
Que inventamos mil cuentos para dormir,
Que tuvimos un perro que cayó de la azotea,
Que tuvimos un periquito que partió un día,
Que salimos abrazados en el periódico en octubre,
Que huíamos de las abejas en el parque,
Que tenemos la oreja derecha quebrada,
Que podemos mover la nariz como un conejo,
Que con los dedos hacíamos duendes imaginarios que saltaban,
Que peleábamos por un poco de patte,
Que rompimos un espejo en un restaurante y nunca lo dijimos,
Que teníamos una fórmula para cazar moscas,
Que nos gustaba el gato con botas con mil finales Diferentes,
Que el mejor cuento era el fréjol mágico,
Que nuestros aviones de papel nunca volaron,
Que reímos mucho con el Chavo,
Que éramos felices hasta que nos separaron.
Un día cuando interrogue la vida a tus captores
Cuando a tus mañanas le crezcan alas
Y vueles y ya no puedan negarte ni mentirte
Un día cuando tu secuestro de mis días se haya terminado
¿Tú preguntarás por qué lo hicieron?
Y esconderán sus rostros tras su vergüenza
Como una bandera rota por los días y las noches de tu ausencia.
Quizás para ese día ya no estén los que hoy nos separan
Tal vez para ese entonces una tumba los haya devorado
Y muchas tardes muertas nos circunden,
Muchas angustias frías nos hayan golpeado
Y si tú o yo ya no estamos
Si acaso la vida también nos hubiera separado
Más allá, en el umbral de la muerte
Volveremos a encontrarnos como ayer
Y empezaremos a perseguir a los gorriones
Y a lanzar piedras al mar como cuando éramos felices.



CARTA XII
(MONOLOGO DE LAS ESCONDIDAS)



Íbamos de la mano caminando por el mundo
Tus pequeños pies intentaban recorrerlo todo
Con tus cuatro años te cansabas pronto
Y atravesábamos las calles buscando nuestras sombras,
Los heladeros nos seguían para vendernos su tristeza
Y los dos nos escondíamos entre los rincones del silencio
Pero en esas tardes de juego siempre nos encontrábamos.
Hoy que te escondieron ya no puedo encontrarte
He contado hasta diez y nadie ha respondido
El juego ha terminado, la noche se ha derramado por el cielo
He vuelto a casa solo y no he podido hallarte
Varios días llevo de buscarte y de buscarte.
Esta vez no fuiste tú quien se escondió. Te han escondido.
Ya no me persiguen los heladeros. Yo los persigo.
Les pregunto por ti y no me responden
¿En dónde voy a buscarte si te alejan tanto?
Íbamos de la mano caminando por el mundo
Pero te escondieron tanto que tengo miedo de no encontrarte
Y te busco, busco y busco
He contado hasta mil, mil veces y no he podido hallarte.



CARTA XV
(SEIS MESES DE TU AUSENCIA)


Después de seis meses de no verte,
De no saber dónde estás.
Ahora que las mañanas son menos tibias sin tu amor
Me he sentado a la mesa para escribirte esta carta
Que no sé si algún día leerás
Que no sé si algún día te llegará
No hay cartero que te la pueda entregar
Porque nadie sabe tu paradero
Y, lo sé, no es tu culpa
Ayer, cuando noviembre daba frío
Te ataron el corazón una noche y te llevaron
No te preguntaron si querías marcharte
No te preguntaron si querías olvidarme,
Simplemente aprovecharon tu sueño
Y cuando despertaste estabas atrapado en la Mañana de otra ciudad
Tus cuatro años no entendían nada,
Tus cuatro años preguntaban por tu maestra y tus Amiguitos,
Aquellos que hoy te buscan y me interrogan
Y yo no sé que decir
Por que aún ahora que mayo se está terminando
Nadie me ha dicho en dónde estás
Secuestraron tu voz
Pero no podrán secuestrar mi amor,
Secuestraron tus ojos de los míos
Pero no podrán evitar que con los ojos cerrados nos veamos como ayer,
Secuestraron tus preguntas
Pero no podrán evitar que te piense preguntándome por que Dios vive tan lejos.
Secuestraron tu risa
Pero no podrán secuestrar que nos pensemos en medio del retorno de una tarde feliz.
Después de seis meses he aprendido a ser más paciente,
No por esto me siento derrotado,
No creas que te he olvidado,
Yo te pienso diariamente
Aún si me quedo dormido en medio de la noche
Te veo en mi sueño regresando
Y quisiera que ese sueño no acabe jamás pero es inútil
como inútil es creer que tus captores
Entiendan que más allá de un puñado de mentiras
Crecerán un día sobre esta pena flores blancas,
cuando todos los jueces
hayan leído en todos los días, todos los expedientes
y todas las mentiras los hayan hecho naufragar
como a un Titanic
Porque la mentira es de plomo y la verdad es de espuma
Y el amor de un padre a un hijo
en cualquier expediente negro,
En cualquier vida manchada por las mentiras
Siempre será espuma,
Blanca, libre, verdad, pan, Dios.
En este veintiuno sin ti por sexta vez
Veo el viento venir como un espejismo de soledad,
Veo la mañana, la noche venir
Siempre sin ti,
Te he buscado debajo de las plantas que pisábamos,
En los niños que cruzan las calles comiendo un helado,
En el llanto de un niño que llora en una esquina sin nadie,
En las manos de un panadero que llama en la mañana,
En las caminatas sucias de los protestantes que te escondieron
En sus Biblias inmundas de mentira que hasta Dios detesta
Te he buscado en cada grieta de la tarde,
En cada rosa que ha caído envejecida en mi costado,
En el canto del río,
En las sopas amargas sin ti,
En el canto de los niños de jardín,
En los cuentos que le cuento a Pamelita,
Ella también me pregunta por ti.
Le he contado el cuento más feliz que te encantaba
Jack y el fréjol mágico
El ogro no es tan malo sin tus manitas señalando al cielo,
Tampoco el fréjol es tan alto sin tus ojitos mirando al infinito,
A decir verdad nada es igual
Los enanos cada día están más tristes
Estornudo se ha callado desde que te fuiste,
Dormilón padece de insomnio desde aquel día,
Gruñón está mas bueno y ya no habla.
Blancanieves no ha dejado la ventana esperando tu llegada.
Los tres cerditos dejaron de huir,
El lobo ha construido tres casitas para ellos,
El gato con botas dejó de ser astuto,
Alibabá ahora alimenta a los pobres y ya no roba
Y la caperucita vestida de azul pasea por la ciudad y ya no en el campo,
Hansell y Grettel inundaron la casita de chocolate con su llanto,
Y pulgarcito lanza piedras al mar esperando que vuelvas.
Simbad ha vuelto ha casa y ya no quiere navegar,
Y el soldadito de plomo se ha hundido en la tristeza.
Nada aquí es igual sin ti
La abuela teje mañanas y tardes esperando tu risa,
El abuelo camina y camina sin decir nada
Pero en sus ojos leo su tristeza,
Las palomas de la tarde vuelan y vuelan con mudos regresos
Te sigo esperando, te sigo buscando
Con el alma rota, con los sueños heridos
Con las ansias de un padre que ama a su hijo
Con el derecho de amarte, de verte, abrazarte
Y guardarte en mi pecho, en mi pecho herido.
Para siempre.



CARTA XVI
(SIETE MESES DE BUSCARTE EN CUALQUIER PARTE)




Hay ganas de tomar cualquier camino
Para ir a buscarte
Cruzar todas las calles, tocar las ventanas
Llamar a todas las puertas
Y cruzar cualquier zaguán para encontrarte

Preguntar al zapatero
Si entre tantos remiendos no sabe de ti
De llorar en los juzgados, en los despachos,
En los azules tampones
Que no sellan ninguna felicidad.

Hay ganas de devorarse el mundo hasta encontrarte
De interrogar a las mariposas
Y a la hierba,
De conversarle a la luna.

Y ahora me doy cuenta
Que el día más feliz de mi vida
Aún no ha llegado.

¿Será lunes cuando te encuentre?
¿Será invierno?
Será otoño o invierno

Sólo Dios sabe que mi corazón arde
Mientras tomo el desayuno
Los gorriones saben de mi pena
El pan cuánto te extraño
Y ese viejo zapatero que me busca en las mañanas
También sabe que he llorado en el invierno.

Mañana otra vez será jueves
Y otra vez las moscas despertarán con su zumbido,
La cucarda despertará más grande
Y también la pena
Trepará por los balcones como una enredadera.

Yo amaneceré con tu ausencia
Mis ojos se abrirán sin ti
Igual que las rosas sin mañana.

¿De que sirve el paisaje más feliz si tú no estás?

Hay ganas de buscarte en las líneas de un destino
Pero mi mano derecha
Me dice que debo escribir hasta encontrarte,
No hay más tiempo para llorar
Y te sigo buscando entre líneas de un papel,
Entre mapas arrugados
Que me dicen que de he de hallarte.

Mis vanas cartas
Están en botellas lanzadas al mar
Esperando llegar a tu abandono
A tu risita matinal llena de tristeza.

Han de llegar nuevas cartas
Hasta tu playa
Tal vez muy tarde
Hasta una isla en cualquier lugar del mar que te circunda.

Pero mi bandera de amor
Cada vez más cerca
Ha de encallar en breve en tu ternura

Y volveremos a reír
Comeremos de nuevo el pan que nos fue negado
Y abrazaremos a la tarde
O ella nos abrazará
En su regazo siempre.




CARTA XVII
(ESTA CARTA AGUARDA TU LIBERACION)




Probablemente a esta hora
Estés en clase en algún jardín cercano a donde vives,
En otra ciudad, en otro jardín, con otros compañeros y otra maestra,
Yo aún sigo buscándote en cada grieta de la tarde,
En cada mañana que amanece
Y en cada noche que se derrumba sobre esta triste ciudad sin ti.
A medida que pasan los días
Los expedientes han crecido como la sombra
Y me doy cuenta
Que son inútiles las mentiras de tus captores

Se acerca el día en que nos volveremos a ver,
El día del reencuentro,
Sólo tienes que resistir un poco más
Yo sé que es difícil,
Yo te sueño a diario y no sólo cuando estoy dormido
Sino cuando despierto te imagino entrando a nuestra casa
Con los brazos abiertos
Como los últimos días cuando me decías
... Papito nos quieren separar...
Lamento mucho el no haberte entendido,
No sabes cuanto he sufrido largas horas
Desde hace siete meses que te escondieron,
Pero este secuestro se va a terminar,
Va desenmascarar a aquellos que pretenden
Cubrir sus almas siniestras
Con el pretexto de la bondad divina.

Se acerca el día Jaime
Que podamos volver a abrazarnos
En noches infinitas,
Ya sin captores que te retengan,
Sin terceros que lancen la piedra para esconder la mano,
Todos sus dedos acusadores y fratricidas
Señalaron mi rostro hasta el cansancio,
Mi nombre,
Hurgaron en cada entraña de mi vida
Buscando encontrar alguna cosa que pudiera lastimarme,
Me dijeron de todo, falsificaron papeles,
Compraron conciencias, abrieron las heridas más viejas con tal de lastimarme.

Se acerca el día de que acaben los exilios,
Las tardes los cargaran con sus risas
Hasta sólo donde sus negras conciencias
Puedan alcanzarlos.

Si después, si aún después de siete meses
No han podido hacer más que un muro de mentiras y distancia
Menos podrán evitar que escalemos esa frontera, inmunda

Y antes de que vuelvan a reír con sus negras mañanas
Volveremos a estar juntos como ayer,
Sin distancias, sin silencios que nos aten
Sin nadie que te esconda
Para evitar que te ame
Y para evitar que me ames, que nos amemos.

Los expedientes seguirán creciendo,
pero la enredadera de la mentira que ellos han sembrado
ha empezado a morir,

Jaime un mañana nuevo nos aguarda
Resiste un poco más,
Esta carta sin nadie también ha de resistir sobre tu ausencia
Esta carta aguardará tu liberación
Ese día en que mariposas amarillas te desaten de tu prisión
Volveremos a ser marineros y piratas

En medio de aquel lago que también te extraña tanto como yo,
La idea de creer
Que hay una justicia que actuará a tu favor y al mío
Me reconforta,
El saber que Dios da la verdad a quien la tiene
Y no a quien la inventa.
El saber que la vida está hecha de días
Que ninguna mano extraña y ajena va a poder robarnos,
Días de felicidad, de amor y de un nuevo comienzo,
Otra mañana, eterna y sin noche.




CARTA XX
(EL RIO DE LOS DIAS)




Mi corazón anegado...
Sigo aguardando el otoño
Bajo un manzano para que vuelvas
Sigo contando las horas
Desde el primer día de tu secuestro

No han podido agotarme
Las largas horas de la espera
Ya no lloro tanto pero aún lloro
Aún la lluvia me moja
Cuando a todos les da el sol.

No han podido derrotarme tus captores
Ni sus amenazas,
Ni sus anónimos papeles
Que me dicen que estás muerto,
No han podido herirme
Aunque me lanzaron puñales cada tarde,
Mi voz como una espada
Los condena

Mis cartas como blancas palomas
Algún día van a llegarte
Llevándote la verdad
Te hablarán de mi pena, de mis ojos
De mis manos que te buscan diariamente
De mi corazón que envejecido
Aún no se rinde.


El río de los días
Te llevará la verdad
Y volveremos a encontrarnos
Como ayer
De nuevo
Volveremos a contarnos cuentos
Como ayer
Bajo el cielo.

Y el río de los días nos devolverá la felicidad
Hoy extraviada con tu ausencia
Hoy ausente sin tu risa
Hoy marchita como esta hora
Que te pienso y te escribo
Una carta que por ahora
Lo sé
No ha de llegarte,
Una carta que nadie ha de entregarte
Una carta que te aguardará por muchos días
Pero que un día
Leerás
Y juzgarás...
No condenes,
De ello se encargará la vida
De ello se encargarán los días
Y de tus captores se encargará Dios
Y el río
...El río enorme de los días.


CARTA DEL RECUERDO...


Te recuerdo
Con tus cuatro años
Jugando a ser feliz en medio de la casa,
Enamorando a las palomas
Asustando a los cristales con tus juegos
Derribándolo todo a tu paso,
Mi pequeño huracán de felicidad.
Con tus bolsillos llenos de sorpresas
Tu cabello caído en tu frente,
Caído tu cansancio te dormías en mis brazos.

Hoy ya no te tengo
Manos protestantes te arrancaron de mi lado
Y te llevaron lejos de mí,
Manos manchadas con odio y blasfemia
Arrancaron tu risa para siempre,
Sé que han de decirte
Que dejé de quererte,
Que mi corazón extraviado te olvidó,
Que soy el eco de una pena que no ha de volver.
Sólo los días con su trajín irremediable
Han de darte la verdad,
Sólo Dios
Al que rezábamos por las noches,
Al que buscábamos en la iglesia,
Al que buscábamos con tristeza cuando la casa empezó a caerse una madrugada.

Sólo cierra los ojos y recuerda nuestros juegos,
Nuestras canciones felices,
Nuestros cuentos inacabables a la mitad de la tarde,
Nuestras recetas de cocina
Que pocas veces fueron efectivas,
Nuestro amor inmenso que nadie podrá secuestrar.
Cierra los ojos como yo lo hago para verte
Nadie podrá negarnos que al cerrar los ojos
Volvamos a nuestro ayer
Donde tú y yo
Felices
Cantábamos una canción



CARTA XXII


(DIEZ MESES DESDE QUE LAS DUDAS TOMARON POR ASALTO MI SUEÑO)



En breve un laberinto se tiñó de gris
Para oír distante el murmullo de la noche abandonada


Diez meses desde que el miedo me susurró al oído tu secuestro,
Desde que se descolgaron del cielo raso
Las arañas en tu busca,
Diez meses desde que las dudas tomaron por asalto mi sueño
Y huyeron las palomas de mi corazón en que anidaban.

Diez horribles meses que me niegan tu voz
Y esperan en la esquina que me quede cansado para abatirme.

De todo esto una red me lanzaron para que caiga
Una danza de hienas a mi rededor aullaba con sus ojos inyectados
Mordiendo mis ropas, mis dedos, olfateando en mi pasado.

Y no han podido ahogar nuestro amor ni un sólo instante.

Sacudieron mi cráneo y lo llenaron de ceras,
Mandaron a tres cuervos por mis ojos en la mitad de la noche
Incendiaron nuestro pasado exterminándolo todo.

Y no han podido estar en paz ni un solo instante.

Se mudaron de piel para cubrir sus mentiras,
Te mudaron de hogar para hacerte creer que había muerto
Destruyeron nuestra felicidad para tener un pretexto y seguir mintiendo.

Y no han podido destruir el muro de piedra de nuestro enorme amor.

Tus cinco años convertidos en falsa vigilia
En inútiles huidas de mi amor,
La justicia llegará a la ventana de tu prisión,
Las libélulas que te buscan me traerán noticias de tu cautiverio
Los grillos cantarán melodías de libertad,
Las hormigas volverán cargando las migajas perdidas de tu partida,
Nadie va a devolvernos el tiempo que sufrimos los dos
Pero podremos recuperar otras mañanas igual que ayer

Y tu corazón no volverá a estar sólo
Ni volverás a llorar a escondidas en un rincón
Porque está más cerca el día de tu liberación,
Entonces
Empezaremos en donde nos quedamos,
Las canciones que inventábamos para ser felices,
Los cuentos de los hermanos Grimm
Y los relatos imaginarios que tanto nos hicieron reír,
Tus juguetes aguardan tu regreso,
Nuestras voces que hoy te llaman en vano
Al fin serán oídas y las aves de la abuela
Con sus trinos
Te recibirán como de costumbre,
Por que hoy siento
Que después de diez meses de agonía
Estamos más cerca;
Tus captores claudicarán
Y sobre toda esta pena
Crecerán flores frescas como ayer
Como el último viernes que te besé
Sin saber que tanto tiempo te iba a perder

Con los ojos cerrados nos vemos
Con el corazón angustiado nos queremos
Sin marcar números, ni claves,
Con la razón de vivir
Con nuestro derecho de amarnos,
Con nuestros cuerpos distantes
Pero fundidos en Dios.
Y en el paso del tiempo
Que nos dará la razón,
Todo tu amor,
Todo tu amor.




CARTA XXV
(ESPERANDO TRAS LA VENTANA TU RETORNO)


Dónde estarás
A esta hora que el silencio se ha cubierto de distancias

Yo había escondido mis últimas tardes
En el viento de agosto

Hoy, envuelto en soledad
Miro a través de la ventana
Y no has vuelto

La queja de agosto regresa
Sin mis tardes felices

Las rosas murieron cuando te fuiste
Y a la alegría le crecieron alas
Y se marchó aquel día.

Dónde estarás
A esta hora que el silencio se ha cubierto de distancias

Te busco en las palmas vacías de mis manos
En el crepúsculo incendiado de esta hora
En el otoño sin hojas muertas ni regresos.

Y el viento más fuerte
Me repite a solas, de nuevo tu nombre.





CARTA XXVII
(ALGUIEN LLORA A SOLAS SOBRE EXPEDIENTES AMARILLOS)



Un día se apaga en la ventana inmediata
Una plaza desierta.

Tu ausencia en cada parte de mi vida
En vano llegan las horas,
Las estaciones regresan sin ti.

Yo sé que eres el habitante de algún lugar
Ha donde ha de llegarte el sol
Que hoy me es negado
Tus manos crecen distantes a las mías
Mis manos han empezado a morir de ausencia
De tu ausencia sembrada en mi corazón
Una noche de noviembre.

La lluvia de la noche también pronuncia tu nombre
Alguien llama desde los pasillos,
Alguien grita desesperado,
Alguien corre gritando tu nombre por cada rincón de esta pena,
Alguien camina tu ausencia por los juzgados,
Alguien llora a solas sobre expedientes amarillos,
Alguien se ahoga en tu ausencia,
Alguien escribe que no estás,
Alguien ha empezado a morir en este invierno.




(CARTA XXIII)
RESISTE UN POCO MÁS MI PULGARCITO.



Siento que he caminado hasta Bagdad buscando encontrarte en esta tarde
En que caen pétalos blancos de mi corazón,
Ninguna respuesta he encontrado,
Te he buscado en las torres de la tarde, en el regreso del cartero que ha vuelto más cansado porque tampoco encontró a nadie.
Y esta vez siento que hemos perdido el regreso
Y sé que las migas que dejaste en el camino se las comieron las aves inocentes,
Las migas que dejaste con tus tristes miradas por la fría ventanilla del autobús
Sé que quisiste buscarlas y ya no las hallaste, porque la ciudad enorme te devoró
Sé que a tus cuatro años los han lavado diariamente y los han puesto a secar
Para evaporar nuestro amor que lo recorría todo.



Es inútil,
El río de los días de nuevo ha vuelto a gritar tu nombre furioso
Antes de que llegues al mar de los años voy a encontrarte.

He abierto todas las puertas y ventanas de esta tarde
Para buscarte.

Muchos meses, muchos días de buscarte en mi vacía alegría,
En mi tristeza de zapatero de domingo remendando la vida,
Sentado en un sillón buscando una respuesta en Salman Rushdie,
Buscando bajo un trozo de pan como acomodarme la tristeza para no morirme.
Deteniendo el tiempo, malogrando adrede los relojes que me aturden
Que siguen su marcha gritando que los días pasan y seguirán pasando
Y sigo saboreando esta tarde hecha a mano en un rincón de zapatero.
Pensativo en el trozo de pan que ha caído al vacío.

Mi pulgarcito, duérmete, no te inquietes.
Voy a buscarte en todos los rincones del mundo
Te buscan los carteros, los grillos, las mariposas,
El viento, la luz, las hojas que el viento arrastra,
La tierra, el agua, el fuego… Dios
Alguien va a encontrarte y volveremos a reír como en nuestra última mañana.




(CARTA XXIV)
LAS HIERBAS DONDE TU NIÑEZ DESCANSABA



Sin decir nada descubro mi soledad
Por una calle que se fue a cualquier parte,
Sin ningún destino
Con esta piel que cada vez me queda más grande,
Mis manos extendidas en la tierra
Queriendo medir la distancia de tu partida.

Y evidencio tu ausencia en mis días cada vez más vacíos,
En una camisa sin ti
Que guardo como una bandera de amor
Y la abrazo para renunciar a la tristeza.
Tu ausencia se ha derramado por todos mis días
Y el jardín
Ya sin rosas
Ha intentado seguir viviendo sin la lluvia de tu amor.


Los insectos anidan bajo las hojas
Y la noche enorme
Descansa sobre la hojarasca de este otoño derrumbado,
Aún sobre la ausencia
El tiempo camina silencioso como un grito que ha quedado sin voz,
Como un río que dejado de cantar y se ha callado irremediablemente.

El refugio de la noche grita,
El mundo transita en las calles
Un canto distante repite que ya no estás
Muere la noche y nace para volver a morir.

Nadie como yo con el alma libre te busca
Por esta calle vacía que conduce a ninguna parte
O entre las hierbas donde tu niñez descansaba,
En los parques hoy desolados sin ti
En la palma de mi vida estás perdido.

Y esta noche en el silencio descubro
Soledad, soledad…
Kilométrica, larga, enorme
Y no he podido medir tu partida
Y no he podido resignarme a ningún adiós.



CARTA XXV
(TU AUSENCIA ES UN RACIMO DE PENAS FRESCAS)



La tarde sabe a manzana sobre la mesa
Después de la cena,
A silencio sin nadie
A casa vacía
A mosca rompiendo el silencio de la cocina
También sin nadie
A mi hambre devorándose su propio hambre.

Esta tarde me sabe a ausencia
Desgraciadamente los pájaros se han ido de su nido
Nadie,
Nadie,
Nadie,
Tu ausencia es un racimo de penas frescas.




No es que no vuelva porque me he olvidado....
Es que perdí el camino de regreso,

Joan Manuel Serrat.



CUANDO TE CREZCAN LAS ALAS



En medio de la mañana otra vez un rayo ha partido
La vida,
Agosto, vientos y trigo
Trillas de caballos atormentándolo todo,
Yo ya no sé que hacer sin ti
Mi soledad es un manantial de pena a cada instante
Y las paredes mi prisión,
Tus manitas de cinco años una ilusión
Que deseo apretar fuerte para siempre.

Mi sueño cada vez más breve
Recorre campos de ayer contigo
Lanzando piedras a un río,
Persiguiendo mariposas por el parque.

Juanito, el oso de peluche
Ha asumido una mirada de vidrio desde aquel día
En que juntos
Nos dimos cuenta
Que difícilmente volverías
Porque te escondieron lejos
Y te llevaron de noche.

Pero las alas van a crecerte
Y volarás
Junto a las palomas que hoy atraviesan mi amor

Pero las alas van a crecerte
Y regresarás
Junto a mis ojos que hoy llueven de dolor.

Pero las alas van a crecerte
Y entenderás
Que te tuvieron cautivo sin razón.
Y entenderán
Que inútilmente te mintieron sobre mi amor.


MIS DOS AMIGOS, MIS COMPAÑEROS



Cuando dieron las diez de aquel día
Me di cuenta que te había perdido.

Dice la ley de los hombres
Que entre padres no hay secuestros
Esa no es la ley de Dios
Ni la de nuestros corazones.

Lo sé perfectamente
Porque nos soñamos
Aún no pueden evitar que nos soñemos
No pudieron celar a nuestros recuerdos.

Cuando dieron las diez aquel día
Me puse un abrigo y fui calle abajo
A ver si podía encontrar alguna pista
Pero la lluvia lloraba fuerte
Y se había llevado las migajas de tu partida.



Desde entonces todos los días
Cuando amanece
Abro la ventana esperando alguna noticia fresca
Como la mañana
Como la hierba recién cortada,
Como el maíz de la abuela.

Y después de tantos meses
Aún me pongo el abrigo cuando llueve
Y salgo a buscarte entre las calles
Entre los rostros de tantos niños
Y en el trigo verde del campo
Y en el azul del cielo y las estrellas.

Como dice Serrat en un verso antiguo
No es que no vuelvas porque te has olvidado
Sino que perdiste el camino de regreso
Tan chiquito
Chiquitín
Debes haber crecido mucho
Como el árbol de la guaba
Al que también se llevaron
Como si el pobrecillo tuviera la culpa
De que en el mundo exista la infidelidad, la maldad
Y por consecuencia la soledad
Como si el pobrecillo supiera de amores
Y de ajenos dolores
De amor.

Mis dos amigos
Mi árbol y mi hijo
Se llevaron a los dos
Tan temprano para los dos
Que la vida me ha puesto una corbata
Y a veces tira de ella
Y un nudo en la garganta
Me da un dolor
De amor, de amor
Mi hijo y mi árbol
Por los dos
Mis dos amigos, mis compañeros
Todo mi amor
Mi amor entero
Todo mi amor
Mi entero amor.


CANCION DE OTOÑO



Con el tintero de tu ausencia
Dibujaba palabras
Para sentirme menos vacío
Y al terminar
Mis palabras cantaron esta canción
Canción de otoño sin tu amor.

Tu tren ha llegado a su última estación
Y desde su cajita de cartón
Mira con pena que no eres su pasajero.
Ya no eres el mensajero
De su alegría
Ya no eres el viajero
Que recorría toda la casa tras él
Ya no eres el copiloto que reía
Inundando la sala con su emoción.


Canción de otoño sin tu amor
Canción de tiempo y de dolor
Canción que espero por el amor
De mi pequeño al que escondieron
Al que le robaron mi corazón.

Canción de pena hoy en flor
Bajo la noche llena de estrellas
Bajo la tarde, bajo la nube
Por mi pequeño
Al que me arrancaron del corazón.

Y el tren aguarda detenido en la última estación
Que llegue pronto el pasajero
Para ir de viaje
Con su feliz equipaje
Y el trencito aguarda desde la caja
Que nadie toca desde tu ausencia
Detenido, inmóvil
En su pequeña estancia
El retorno del niño, del pasajero
Para volver al valle por una calle
Con nuestro equipaje.

Y marcharnos en plena tarde
Cantando una canción de otoño.


Nuestra canción.
Con tu amor a mi lado, en mi costado
Y el tren silbando feliz
Como en las tardes cuando tu risa
Era su carbón

Canción de otoño entre la tarde
Canción de amor
Con todo, con todo
El corazón.


sábado, junio 10, 2006

VENDRAN LOS DIAS Y TENDRAN TU ROSTRO





Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
Desde el fondo de todo
Lo que tengo
Me faltas.

CESAR CALVO.






Esta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un
poeta famoso y leas estas líneas que el autor
escribió para ti
y tú no lo sepas.

E. Cardenal





I

Te vi sumergida en la tarde
Cuando estaba hundido en la tristeza.

Tus manos fueron dos largas avenidas por donde mi sombra abandonó la ausencia.

Te había visto desde mi ventana
Atravesando las horas de la tarde
Con gotas de lluvia detenidas en el aire

Como granizada helada en medio de la noche fría
Con tus veinte años
Y más venidos con el sueño.

Frágil como una libélula de agua,
Tenue como la sombra de un ave
Que vuela en rito
En círculos enormes
Buscando inerme su última morada.

Sumergida estabas en el centro de la tarde,
Los racimos de tus labios
Sumergidos en eneros

Tus ojos infinitos, tus manos atando adioses
Y una larga avenida
Arrastrando tardes de distancia.




II

Sólo para retener tu mirada
Desarmé la navidad de mi silencio

Sólo para encontrarte en mi mañana
Inventé la segunda huída a Egipto

Tu voz aprisiona mi alma cuando la oigo,
Tus ojos son dos estrellas en el centro de mi pecho.

Ya no sé
Cuándo besé tu alma por primera vez,
Ya no recuerdo,
Ya no recuerdo la primera vez que firmé tu tarde

Con tus manos detuviste mi pena
Cuando una estampida de angustia me seguía
Y
Empecé
A darme cuenta
Que tus sueños eran estrellas en mi firmamento.

Sólo para retener tu sonrisa
Te busqué en el cielo más oscuro de mi vida.


Sólo para oír tu voz
Penetré en las negras calles del destino.

Mañana inventaré el retorno

Tus ojos de estrella brillan en mi noche

Y aunque no entiendas
Que la tarde se ha caído en una catarata.

Esta tarde que hemos vuelto
He sentido tu adiós feliz como un te quiero.
Voy a regresar a buscarte entre la lluvia
Sin tener que inventar huidas a Egipto
Por segunda vez.

La próxima tarde huiremos al silencio a donde el murmullo de los días
No pueda tocarnos.

Sólo si quieres oír el canto de mi sangre
Sólo si quieres tomar al viento de la mano
Sólo si quieres parte de esta noche
Que ha empezado a incendiarse con tus ojos.




III

Tus ojos persiguen a la luna
En esta noche azul

El patio de la casa está ausente
Entre tus ojos tristes.

De tus manos brotan palomas blancas
Hasta el cielo.

Si no estuvieras
Como habría de amarte

Quizás te inventaría
Paloma blanca entre los valles

Tan lejos, te buscaba, tan lejos
¿de dónde iba a saber que te hallaría?
Si en enero
Aún tu voz no nacía a mi mañana.

Tus ojos persiguen a la luna en esta noche
Mis ojos se hallan con el llanto en el silencio

Tu ausencia está tan cerca de mi pecho
tan lejos de tu ausencia.



IV

Llueve en el silencio de esta noche incierta
Tus pasos distantes han de retornar al cielo
Donde te espera el cansancio inmenso
De un día envejecido por tus horas muertas.

A lo lejos se escucha el rumor de la noche
El eco lejano de la vieja avenida,
Tú a este tiempo has de estar dormida
En otros mundos desde aquí puedo verte.

La noche es fría y más fría al saber
Que tus ojos dormidos han huido al río
A buscar el agua en donde beber
El último llanto de mi amor en rocío.

El silencio inmenso en todos los rincones
Hay armonía en toda esta noche vacía
Que me contempla inmediata y con melancolía.
Mañana has de volver a tus aflicciones

Duérmete y sueña con la tarde sola
Cuando en mayo vimos la primera estrella
Cuando en mayo encendimos la vela
Y el amor llegó de lejos como una ola


La noche inmensa sigue su camino
El silencio más grande cae sobre el ruido
Yo estoy solo, tú no estás conmigo
Han dado las doce, sé que te has dormido.






V


Te vi en un sueño
Como un presagio de delirio
Tus ojos negros aún no me veían

La noche más enorme cabía entre mis manos
La lluvia más larga era una sola lágrima.

Mañana entenderás
Que cuando el amor nos llama

El ayer se sumerge en una estela blanca.



VI


He vuelto a oír tu voz en medio de la tarde
Confundida entre el murmullo

Ya no puedo negar que me has hecho naufragar
En este mar hecho de días

Ya no puedo mentirme ni negarme
Tus ojos me arrastraron del naufragio

Mañana otra vez la calle resucitará al mundo,
Esta noche ha empezado a morir

En la mesa permanecen inmóviles
Las flores muertas de alguna primavera.

No puedo negar que has empezado a habitar en mí
Como un viento fresco de otoño.

Toda tu inocencia recorre por mis venas
Cuando te veo y el mundo todo se transforma.

Toda la tierra gira y gira
Cuando me veo en tus ojos y veo tu vida.

Mañana otra vez volveré a llamarte
Para sentir la vida toda en medio de la tarde.


VII

Al final de la calle hay una puerta
Mas allá, después
Una reja,
Después,
Un candado
Después,
Tu ausencia...

Y este enero solo sin tus manos
Con mi abandono y mis preguntas.

Doce y diecinueve, frío silencio
Nadie ha preguntado cómo me siento.

Al final de las horas hay un silencio
Más allá después
Una pregunta,
Después un vacío,
Después,
Tu ausencia.

La noche nace y muere
Y tu no estás conmigo.


Los días van y vienen
Y hoy aún no te he visto.

Afuera el viento sopla
En medio de la noche.


Nadie ha vuelto a preguntar por mí
Nadie ha vuelto a mirar mi pecho herido.

La noche crece y muere
Tu voz es una catarata de silencio

Mis palmas son caminos
Que abrazan tu destino.

La noche grita y llama
Y tú no estás conmigo.

Tus manos se han llevado
Todo mi universo

El viento grita y calla
Ya no puedo callar cuanto te quiero.

Si después, cuando resucite la mañana
Aún
Más allá
En medio del silencio
Te sigo amando con las hojas de este enero
Buscaré en la tarde
Las horas que he perdido
Tus ojos, tu risa, tu voz
Todo...
Todo lo que he perdido

Al final de estos versos
Hay una calle
Por ella te vas tú
Por ella me voy yo
Y tú
No estás conmigo.





VIII


Mil años antes, mil años atrás
Cuando tu casa era un campo sólo
Yo era un gorrión en él

La única calle era la mañana
Y el único regreso era la tarde

Cómo pasan los días
/Las palabras desaparecen en el murmullo/

Tu primera risa
Alumbró una mañana a Cajabamba

Yo gorrión,
Ya te sabía
Esperaba tu llanto primero
Y lloraste

Pero fue un llanto feliz

Te diste cuenta que estabas viva

Mil años atrás yo ya te quería
Mil años atrás yo ya te veía

El tiempo y los años... una mañana
Ahogaron tus días
Y con ellos nació tu belleza.

El tiempo ahogará las flores
Envejecerá los mapas tornándolos amarillos
Irreparablemente.

El tiempo puede ahogarlo todo

Pero no podrá ahogar un amor de mil años
Porque mil años antes de tu mirada
Cuando el tiempo era joven
Yo igual que esta noche,
Yo
Ya te quería.




IX


Desde ayer te he buscado
En las miradas inciertas de los niños

En cada gota de lluvia
Que vuelve a la tierra como un llanto del alma

Y te encontré sentada en medio de la vida

Quizás a esta hora
Estés sentada entre papeles de oficina y llamadas apuradas de gentes que se van
Por pisos con olor a petróleo,
Entre trajines cotidianos.

Quizás en el reloj las horas avancen inmortales
Frente a tus días de soledad
Y recuerdes que cuando niña
Eras una pastora en el día de navidad.

Quizás a esta hora
Huyas en silencio de los gritos de la calle
(Sabes que tus ojos
han dejado de ver las estrellas como antes)
y busques el silencio que tanto amabas.


Desde ayer te he buscado
En el vuelo de las palomas atravesando la ciudad

Y aún en cada eco del retorno
De un niño cansado de jugar

Y te encontré en el centro de mi alma
Dormida por la tarde cansada de llorar.


X


Eres un helecho
Dormido en el centro del jardín
Los grillos cantan distantes

Las rosas de la tarde se han dormido
Para siempre.

El aguacero hace vibrar mi alma,
Una mosca ronda en la ventana
Sus últimos momentos de vida.

El último gorrión ha cantado en silencio

La voz de la noche grita desesperada.

Sólo la luna puede verte a través de la ventana.

Mis manos alcanzan tu respiración.

Eres un helecho húmedo en medio del jardín,
Los grillos apagaron ya su canto.

Las rosas de la tarde son parte de la noche,
Han muerto para siempre.

El aguacero más fuerte aprieta mi alma
La mosca en el alfeizar
Yace junto a la ventana.

El último gorrión se ha quedado dormido.

La noche ha callado inundada de silencio.

La luna ya no puede verte por culpa de una nube.

Mis manos ya no alcanzan tu destino.

Abro mi alma y callo, siento que te has ido.




XI



Tus ojos guiaron la huida a Egipto
Tus manos desempolvaron un laberinto
De días marchitos.

Tus ojos alumbraron a los reyes magos
Cuando aún perdidos
Buscaban al niño.

Fue hace más de dos mil años
Cuando habitabas con las hadas
En lugares infinitos.

Antes de que en este mundo
Cargues con expedientes marchitos,
Antes de que atravieses juzgados y oficinas
Con sabores tristes.

Antes de que una mujer ciega
Te tome de la mano
Y te pida cruzar la calle
En medio del otoño.

Cuando todas las hojas de los árboles
Caían,
Cuando todas las hojas de tus expedientes
Caían.

Cuando alguna lágrima secreta
También caía
Llevándose en tu misterio un trozo de tu vida.

Tus ojos guiaron mi propia huida
Dos mil años antes
Que inventes mi propia vida.

Tus ojos alumbraron mis días negros
Cuando aún perdido
Buscaba encontrarte en mi camino.

Antes que estos versos existan
La noche breve de tu mano perdida.
Antes de conocerte ahora
Dos mil años antes
En una huida a Egipto
Ya te había conocido.




XII



Vendrán los días y tendrán tu rostro
Vendrá un nuevo día con tu traje azul.

Los ayeres quedarán en medio de la nada

Vendrán los días, cargando racimos frescos
Y atravesarán el patio preguntando por ti.

Los ayeres se evaporarán al infinito.

Vendrán los días que nos fueron negados
Libres de angustias y carceleros.

Los ayeres se esconderán con la noche para siempre.

Vendrán los días y tendrán tu rostro
Traerán alas amarillas para enseñarnos a volar

Y los pasos retornarán a tu quinto piso gastado y solitario.

Nuestros muertos horizontales desde sus tumbas
Traerán su alegría como una ofrenda final.

Vendrán otros días
Y aquellos que dejamos apenas si volveremos a recordar.

Digo que una mañana
De aquí a miles de instantes
Cuando los niños jueguen con cometas de papel,
Cuando las manos del ayer no puedan tocarnos
Una columna
Detenida en el cosmos
Será una casa de barro o de cemento
Llena de perfiles tiernos
La que abrigue nuestros cuerpos cerca del mar.

Digo que una mañana
Cuando amanezcamos al pan tibio
Cuando los niños duerman su sueño matinal
Y
Los
Perros huyan
Con el sol de la mañana
Será una ciudad enorme
Cuando la mañana bostece en el frío del cristal

Digo que vendrán los días y tendrán tu rostro,
Tendrán el rostro de niños hoy desconocidos
Hijos de las tardes que guardamos,
Hijos ajenos a esta noche de enero
A este frío nocturno que tanto duele
A este silencio que aún mi pecho no entiende
A este eco de los días que se esconden en tu voz.



Digo que vendrán los días y tendrán tu rostro
Y tus trajines de mujer planchando días,
Dormida entre papeles de angustia y oficina.

Digo que vendrán los días y tendrán tu rostro
Con los hijos hoy ausentes
Jugando a esconderse tras las cortinas.

Digo que vendrán los días y tendrán tu rostro
Ese rostro blanco
Y vendrán las tardes a mirar por la ventana
Con sus rayos de sol ya sin calor
Y las noches oscuras
Encendidas por las luces de la ciudad.

Digo que vendrán los días y traerán tu rostro
Para siempre.




XIII


Bajo Tu piel el tiempo es un enigma,
Las horas te contemplan inmóvil
Cuando desde tu ventana tu mirada cae
Cae tu mirada hasta los pasos que retornan
Y no hay retorno que me haya traído

Desde esa altura inmensa
La silueta de la tarde se desvanece,
Los pinos y cipreses fraccionados por el tiempo
Son triste arbustos cercando tu vida.

Bajo tu mirada el mundo es pequeño,
La sombra de los días
Son pájaros muertos
Caídos en las veredas.
La calle que te conduce exacta,
Las escaleras que te aguardan mudas,
Un quinto piso al que llegan las palomas,
Al que llegan las tardes inmensas
Y pobladas de sueños
Un quinto piso al que se llega
Subiendo una escalera fría.

A veces un auto sin nadie te lleva
A veces tus pasos te vuelven a la tarde
A veces una sombra póstuma de alguien
Que como yo en estas seis de la tarde te acompaña.



XIV



Por la calle corre el agua de una lluvia fría

La muchacha provinciana
Que llegó de lejos en autobús
Con maletas deshabitadas se ha callado.

Han quedado deshojadas sus tardes del valle
Desde hoy habitará en jardines de cemento,
Entre muros de concreto y luces de neón.

Donde el hombre
Husmea su vida en basurales
Escarba buscando un pasado feliz
Entre trozos de papel y envases descartables,
Entre días descartables,
Entre amores sucios
Que ninguna lavandera tenderá al sol.

Quedaron ausentes las tardes del hogar
Donde la madre y el padre
Alimentaban el hambre con motes geométricos
Unas latas de leche apiladas esperan
Y unos sacos de arroz
Para alimentar las mañanas solitarias del invierno


Este mundo con horas de 40 minutos
Con días de veinte horas
Con años breves de sudores y cansancios
Un mundo infeliz lleno de avenidas.


Quizás recuerdes el pan blanco de tu mañana
Y tu desayuno feliz hoy menos feliz
Cuando la puerta de tu ayer tenía otra sintonía
Al cruzar la madre al regresar.

Soledad de altura, de manzana inalcanzable,
Soledad rodando por las gradas
Hasta llegar ensangrentada al parque
Ya sin rosas ni claveles.

Porque en esta ciudad apurada
La gente ignora a los seres minúsculos
Y caminan quebrando sus tallos tiernos

Porque en esta ciudad llena de semáforos
No se puede cruzar la calle en silencio.

Simplemente porque en esta ciudad
Las maletas deshabitadas se han llenado de soledad.

Esta ciudad llena de gente
Es en realidad una ciudad sin nadie

Y esa muchachita tierna
Cruza la ciudad entera
Cruza su ayer, su mañana, su hoy
Su lunes, su viernes
Sus pétreos días de amargura
Hasta llegar a sus clases de inglés.

Y también aprendió
Que la gramática inglesa a su lado
La hace mas bella
Y también,
Como ella, una muchacha tierna
Tiene que vivir en este mundo
Con sus maletas deshabitadas y llenas de tristeza
Y soledad.




XV



Dan las seis de la mañana
Por tu puerta se han ido las horas dormidas

(Una bandada de pájaros cruza tu ventana)
Los autobuses cruzan la calle
Con un dolor de cabeza que ha empezado
A matarlos,
Los asientos más viejos y más sucios
Lloran depresiones poseídos por la mañana,
El sol de esa hora apenas tibio
Lo ilumina todo.

Los panaderos hacen sonar su corazón
Montados en angustia de calles
Cubriendo con un mantel blanco su vida entera
Como cadáveres de hombres.

Las beatas cruzan los atrios
Envidiando la locura de los ebrios
Que aún no se han dado cuenta que ha llegado la mañana.

Yo he despertado a la distancia y te pienso
Y tu recuerdo sangra como una herida
Al abrir las ventanas también atraviesan las palomas.


Más allá colgado en un ropero
Mi traje vacío herido de ausencia.

Más allá una corbata me amenaza
Con quitarme las mañanas de tu vida.

Han dado las seis exactas,
Solo el espejo se ha dado cuenta
Que ya no somos los mismos,
Ni los panaderos, ni las beatas, ni los autobuses,
Ni las palomas que surcando la mañana
Cruzan las ventanas.

Han dado las seis y por tu puerta
Se han ido las horas dormidas de tu noche.

De tus ojos, de tus manos
Y del ayer que envuelto en retazos de angustia
Se ha ido otra vez para siempre.




XVI



A tu ventana han llegado los días,
Este invierno cada vez más frío
Me ha preguntado por ti.

Esta hora que huele a geranio
Se ha quedado más vacía

Una rosa sobre la mesa te extraña irreparablemente
Sabe que no has de venir

Esta cama inmóvil,
Esta luz
Un ladrido lejano reniega a la luna

El miedo trepa a mi garganta,
Ha empezado a ahorcarme.

La rosa empieza a morir de pena,
La puerta quiere abrazar esta ausencia.

Tu sombra detenida en mi recuerdo
Y tu recuerdo marchito en la pared
Clavado como una mariposa

Clavado por el beso tierno del adiós.



XVII



En esta tarde tus ojos infinitos
Detuvieron el tiempo

Otra vez me atrapaste como a un insecto
Entre tus manos blancas.

Tus manos tiernas que hicieron mis calles
Por donde huía en mis días atroces.

Un plato de comida en nuestra mesa,
Un plato,
Un plato devorándose la tarde inmensa
Más inmensa con tus ojos contemplando el tiempo.

Un plato chacarero
Que toda nuestra hambre no pudo devorarse.
Un plato chacarero
Que toda la tarde no pudo devorarse.
Un plato chacarero
Que nuestros ojos no han podido devorarse.

Desde recónditos lugares
Unos nidos de aves distantes
Cuelgan del cielo como iconos lejanos.



Y unas moscas
Se han propuesto derruirnos la paciencia
Tus manos blancas las espantan
Y espantan mis penas
Y espantan mis angustias más tristes

Y el miedo a tu adiós también se va con ellas.

Y las horas huyen
Vano intento el de detenerlas.
Y las horas huyen
Con este día que ha empezado a marchitarse inevitablemente
Y las horas huyen con nosotros
Hasta exterminar todo vestigio de la tarde.



XVIII



Tu enorme soledad de quinto piso
Un edificio con cuencas vacías.

Una columna de concreto
Llena de ventanas que dan a la tarde.

Esa tarde pensativa
Que te sorprendió mirando la ventana
Antes de tus seis de la tarde
Para llegar a la iglesia.

Tu enorme soledad de quinto piso
Cinco pisos,
Cuatro pisos,
Tres pisos,
Dos pisos,
Un piso
Hasta llegar a la calle solitaria.

Por donde cruzan los perros callejeros con abrigos de tristeza.

Si después ya no nos vemos
Cuando mires al infinito desde el piso cinco
Acuérdate de este enero,
Acuérdate de mí
Junto a tu soledad de quinto piso.



XIX



A tu abuela
Hoy envuelta en el perfume de un ayer evaporado.

A tu dulce abuela, de tu abuela dulce
Un cura se enamoró una tarde cualquiera

(Me lo contaste un día
En medio de los trajines silenciosos de las horas
Cuando un niño te apuntaba con una pistola de juguete
Y yo temía
Que en su inocencia pudiera lastimarte)

La amaron con locura
Y seguramente
Desdeñó ese amor sin ruido ni balcones
Aunque nunca lo dijera
Y aunque nunca la hayan vuelto a amar así.

Al final sólo ella lo sabía.

Si la agonía de aquel hombre
Que moría de amor ahogado en una sotana.

También sería su agonía
Cuando llegó el otoño a llamar a sus ventanas.

Sólo ella lo sabía
Y sus tardes de té en infinitos recuerdos.

Sólo ella lo sabe
A esta hora que ella duerme eternamente
Ya sin amores.

Ya no importa.
Porque hoy envuelta en el perfume de un ayer evaporado

Ya para qué
A quién puede importarle.

Que baste con que fue amada,
Que baste con que los años la otoñaron.

Que baste con que hoy dormida sobre la muerte
No debe importar si la amaron de verdad
O si la amaron como debían amarla
O si el amarla era un pecado

No la hacía pecadora el ser amada.

(Qué culpa tienen las palomas de volar con alas blancas,
No tiene culpa la cucarda de ser amada por las aves)

Que importa,
Fue feliz, vivió y fue amada

Quizás hoy a la tarde asomen otros amores
En otros caminos
Y sin tomarse de las manos
Puedan amarse sin tocarse.
Vivir, ser felices y ser amados en medio de la tarde.



XX



De todo lo vivido
De cuanto se ha soñado
De todo lo reído
De cuanto se ha llorado.

Al final todo es pasajero
Al final no hay nada eterno.

De las idas y venidas
De las vanas esperas
De los retornos y las despedidas
De los días más largos y de las noches enteras.

Al final nada es duradero
Al final nada dura todo el tiempo.

De las penas más amargas
De los llantos más tristes
De las alegrías más largas
De los momentos más felices.

Al final el río sigue su camino
Al final todo tiene su destino.
Si no fuiste una rosa en mi tarde
Pudiste ser una estrella en mi cielo

Si no fuiste una lágrima en mi mejilla
Pudiste ser una alegría en mi vida.

Sino fuiste un silencio en el centro del ruido
Pudiste ser un grito en el vacío

Al final todo cambia indefinidamente.
Después de una noche negra
Una mañana blanca te espera

Después de la calle más larga
Siempre otra nueva empieza.

Tus ojos en la mitad de mi alma
Siempre serán dos estrellas

Contemplando desde un quinto piso
La noche del mundo pasar.

Al final el haberte querido
No implica que me debas amar.

Al final todo es pasajero
Al final no hay nada eterno
Al final nada es duradero
Al final nada dura todo el tiempo
Ni el siempre, ni el nunca, ni el jamás
Al final el mañana también nunca llega
Al final lo único que ha llegado ha sido este final.

CUENTOS




El último duende


José echó a correr. Había encontrado junto al pozo, un diminuto hombrecito de sombrero rojo. Aquella historia fantástica que el viejo Herminio una vez le contó, se había tornado en una increíble realidad. No, no puede ser cierto, aquel hombrecito no existe; es sólo el resultado de un espejismo, el sol está muy fuerte esta mañana, pensó.
José estaba alelado, apenas podía dominar su miedo. Sin embargo quiso convencerse y escondiéndose entre los maíces, se fue acercando lentamente hasta el viejo pozo, evitando las hojas secas y hasta el agitado sonido de su respiración; no había más ruido que el melancólico lamento del viento. Claramente podía oír los acelerados latidos de su corazón. Despacio... paso a paso hasta llegar al saúco. Tras él aparecería el pozo.
-¿Seguirá el duende ahí?-
- ¿Y si me encanta?-
- ¿Y si me ahoga en el pozo?- se preguntaba temeroso.
Fue estirando el cuello, despacio, con un movimiento casi imperceptible, tardó mucho en aparecer. Sus negros cabellos primero, su frente, sus cejas ralas, despacio... fueron apareciendo sus ojos. Tenía sus pupilas turbadas, sus ojos tenían un aspecto vidrioso, enormes, abiertos al máximo, dispuestos a captar toda imagen y movimiento.
Dios mío! ¡no me equivoqué!- -¡no fue un espejismo no fue el sol! –
En la pirca del pozo, meditabundo, ajeno al mundo que lo rodeaba, se hallaba un diminuto hombrecito inmóvil. Tan pequeño como un dedo meñique.
José no podía creerlo, se limpió los ojos una y otra vez y aquel hombrecito seguía sentado, sumergido en sus pensamientos.
José distinguía nítidamente cada detalle de la indumentaria de aquel minúsculo hombrecito; vestía un traje verde ceñido perfectamente a su cuerpo, unas botas que parecían ser de cuero; tenía la piel blanca y los cabellos canos, que contrastaban con su tupida barba y sobre la cabecita de aquel ser tan particular y regordete había un sombrero rojo que le hacía sombra a su blanquecino rostro.
Que extraño, el abuelo le había dicho que los duendes no podían estar mucho tiempo bajo el sol, y este en cambio ya llevaba buen rato expuesto al sol.
De repente, aquel hombrecito se había recostado en la pirca, pudiendo apreciársele en toda su magnitud; no debería medir más de cinco centímetros, era tan pequeño y tan extraño.
José lo miraba sin hacer ruido, parecía que por fin se había quedado dormido, estaba tan quieto que parecía una piedra, esta vez el sol le llegaba en el rostro, por lo que José pudo ver desde su escondite sus rubias pestañas que brillaban como el oro.
Está dormido, ¿y si lo llevo para que lo vea el abuelo?, no, mejor traeré al abuelo, pero si el duende se marcha, mejor lo llevaré con el abuelo.-
Nuevamente José se acercaba hasta el diminuto hombrecito sin hacer el menor ruido, pisaba el suelo con la más sutil delicadeza economizando hasta el más mínimo movimiento.
Era increíble tenía frente a él a un verdadero duende tendido sobre una piedra, acercó su mano hasta tomar al pequeño entre sus dedos.
Pero... ¿Qué sucede?, no se ha despertado- . Le dio un jalón de su verdusco traje y el hombrecito seguía inmóvil, tan quieto como una roca.
¡Está muerto! – Gritó José con Angustia, tomó el camino de regreso apresuradamente, tenía ansiedad por llegar hasta la casa. Qué lejos le parecía ahora, apenas apareció ante él la ancha pared de la casona empezó a gritar desesperado.
- ¡Abuelo! - -¡Abuelo!-
El abuelo corrió hasta la puerta sobresaltado, al oír los gritos desesperados de su nieto.
-¿es que te has vuelto loco?-
-¡Abuelo!- -¡Abuelo!- mire esto, explicó mientras extendía la palma de su mano
es un duende que se durmió en la pirca del pozo-
- ¿Qué tonterías dices?- Respondió el abuelo incrédulo a las afirmaciones del mozalbete.
Todo ese escepticismo se envolvió de silencio de repente, cuando José le extendió la mano con el pequeño hombrecito en ella.
Aquel anciano no podía dar crédito a lo que veía, era un hombre tan pequeño que hasta tuvo miedo de tomarlo entre sus dedos. El viejo estaba mudo, perplejo, tratando de ordenar cada idea, hasta poder entender lo que estaba sucediendo.
- Lo encontré en el pozo, tomaba el sol y luego se recostó en la pirca-
Que extraño, los duendes no pueden permanecer mucho tiempo en el sol, y al contrario prefieren los lugares oscuros- repuso el anciano quien había escuchado lo mismo de su padre y su abuelo, cuando le solían contar historias sobre tan singulares hombrecitos.
Tal vez le haga falta un poco de agua- murmuró mientras lo tendía en la mesa y con una cuchara le derramaba agua fresca en su pequeño rostro.
El hombrecito se reanimaba, tenía los ojos cerrados, sus pestañas empezaron a vibrar, sus pequeños labios se estaban moviendo. Estaba hablando. Ambos se acercaron aún más para poder escuchar aquellas palabras.
-Todos se han ido, ya no queda nada-
Un silencio pausado por murmullos leves y sin sentido continuaron. Habían pasado dos horas de esas palabras, cuando el hombrecito se incorporó atolondradamente como despertando de un mal sueño, de una horrible pesadilla.
Una mirada inquisitiva se clavó en los ojos de los dos espectadores, el hombrecito se había dado cuenta que estaba en poder de ese par de humanos, sin embargo, parecía resignado.
-¡Maldito sea el que me trajo aquí y no me dejó morir!- gritó con indignación.
El abuelo y su nieto se miraron sin atinar a decir nada. El pequeñín había hablado y estaba furioso.
-¿quién de ustedes cometió tremenda imprudencia?- indagó el hombrecito dirigiéndose al niño y al anciano que lo miraban sin alcanzar a comprenderlo.
-Se ha vuelto loco, tal vez es un pequeño demonio al que le quitamos la oportunidad de regresar a su infierno, ¿estará borracho? ¿acaso los duendes beben?-
-Disculpe usted pequeño amigo- se dirigió el viejo al duende. -Pero creo que usted es un mal agradecido o un orate sin sentido.
-Te atreves a llamarme loco, desdichado vejestorio, después de negarme la oportunidad de morir-
-Eso es lo que no entiendo diminuto buscapleitos, te hemos salvado de que mueras por el efecto de ese sol al que ustedes no pueden soportar por mucho tiempo; y nos llamas imprudentes- -¿cuál es la razón para que un hombrecito como tú busque acabar con su vida?-
Un gran silencio invadió el ambiente, el hombrecito se había callado, no respondía, tenía la mirada extraviada, una lágrima se deslizó por su mejilla hasta perderse en su pequeño traje. Estaba llorando.
-Oh, lo siento discúlpame, he sido un imprudente-se disculpó el anciano
-No, no hay nada que disculpar, soy yo quien se debe disculpar, por llamarle vejestorio e imprudente, en vez de dar gracias, por salvarme la vida-.
-Un silencio ligero nuevamente interrumpió la charla-
-Soy el último duende de una gran población. Vivíamos felices en el cerro más alto, hasta que un día se oyó una gran explosión, enorme... murieron muchos, cientos de mis hermanos aplastados por las rocas, fue el hombre quien causó toda esa explosión, buscadores de oro que abrían una mina que luego de unos años abandonaron. Entonces nos fuimos al bosque, mucho tiempo vivimos ahí, entre el aire fresco de grandes robles y hierba verde, hasta que el hombre llegó y fue cortando cada tronco hasta convertir el bosque en un lugar podado por la muerte, ni los pájaros se quedaron ni se oyó más el viento. Un día lo poco que quedaba de aquel verde bosque fue incendiado y con él nuestras secretas moradas y sus habitantes; murieron casi todos, quedamos sólo algunos. Era entonces el bosque un gran carbón que daba miedo mirarlo. Fue horrible, los pocos que quedamos buscamos el campo, donde vivimos por algunos años, compartiendo el campo con los hermanos sapos, los hermanos gusanos, las hermanas hojas, la hermana tierra; hasta que un día llegó el mal hermano, el hombre, y en su afán de sacar oro de la tierra contaminó el agua con sustancias desconocidas y uno a uno murieron mis últimos hermanos, fui el único desdichado que se quedó con vida. Cuando los hallé a todos muertos quise morir yo también, fue entonces cuando pensé en el sol, sería él quien acabaría con mi pena. Pero llegaron ustedes, y ahora estoy aquí recordando lo que la vida y el hombre me quitó-

Con un suspiro concluyó el hombrecito mientras se limpiaba las lágrimas que humedecían su rostro. Había sido injusta la vida con él; tenía una sombra de tristeza en su mirada.
¡Cuánto lo siento hombrecito, lo siento de veras... Pero no es bueno que seas tú el que disponga de tu vida, debe ser Dios quien lo haga y para que te convenzas te leeré un pequeño párrafo de este gran libro que se llama la Biblia-.
¿Acaso me consideras un ignorante?, he leído la Biblia más veces de las que tú puedas imaginar-. Protesto el pequeñín
- ¡Increíble! ¿Sabes acaso leer?- Interrogo el anciano con sorpresa.
- ¡maldición! ¿Acaso tengo la cara de un analfabeto?- He leído más libros de los que tú puedas leer en toda tu existencia. Shakespeare, Moliere, Cervantes, Homero-.
Pues bien ¿entonces que sucede contigo?, si leíste la Biblia parece que no entendiste absolutamente nada.
La entendí perfectamente... sólo que no es fácil resignarse a veces-.
Nada es fácil pequeño amigo, sin embargo veo que eres fuerte y que no volverás a intentar una cosa semejante, apeló el viejo Herminio pasándole el índice por los diminutos y escasos cabellos del hombrecito.
El pequeño duende tenía la mirada fija en el vacío, se había callado nuevamente.
-¡Juguemos ajedrez!- interrumpió el hombrecito, dirigiéndose hacia el tablero que se hallaba perfectamente instalado a su lado, en la misma mesa en la que él se hallaba. El pequeño José miraba asombrado al abuelo.
-¡No me diga que usted sabe jugar al ajedrez!- Exclamó el niño con enorme admiración.
- ¡Bah- Dijo el duendecillo haciendo un gesto de petulancia – Lo aprendí hace tres siglos, cuando un grupo de españoles jugaba en la vieja casona en la que vivíamos-. Agregó mientras se paseaba por el tablero recorriendo cada una de las casillas, examinando cada pieza, era tan pequeño que apenas le ganaba en altura a un peón.
- ¡que corcel tan original!- concluyó, refiriéndose al caballo que parecía tener vida.
- Necesito subirme a algo para tener una visión adecuada- protestó luego el hombrecito, a lo que el abuelo respondió trayéndole tres grandes libros a los que apiló para luego hacerle subir sobre ellos..
Bien. Así está mejor. ¿estás listo para perder?- preguntó con ironía el hombrecito. El viejo Herminio lo miraba por entre sus tupidas cejas mientras limpiaba cuidadosamente sus anteojos.
Bien, bien, mueve el peón de rey a la casilla cuarta, por favor - señaló el duende que había tomado las piezas blancas.
Y cómo se llama nuestro pequeño amigo?- inquirió el viejo mientras realizaba los primeros movimientos.
-Francisco, Francisco es mi nombre- repitió el hombrecito muy concentrado - ¿ y el tuyo?
-Herminio y el de mi nieto es José-
-¡Herminio! Ja, ja, ja que gracioso nombre-
De hecho aquel pequeño ser no era muy amable. La partida continuó sin más interrupciones que las que hacía el duendecillo para cantar sus jugadas, las que el viejo Herminio ejecutaba con inmutable precisión.
De repente el silencio y la quietud del ambiente fueron quebrados por una risita singular y contagiosa.
-¡Mate! - Ja ja ja ¡qué manera tan ridícula de perder!- Repuso el duende que había ganado la partida sin problemas. Herminio tenía la mirada fija en el tablero, contemplando tan humillante derrota. Se había puesto rojo, tan rojo como el sombrero de francisco, el duende.
No debiste tomar el corcel, caíste en una típica celada, en la misma que cayó Almagro cuando jugaba con Pizarro-
- ¿Es que tú los conociste acaso? Inquirió desconcertado el abuelo.
Claro que sí, pude ver a los conquistadores desde el techo de la casa en que ellos jugaban, eso fue hace mucho tiempo, estaban de paso por aquel lugar, fue una gran lección. Recuerdo que Almagro se puso furioso y sacó un objeto de oro y se lo dio a Pizarro. Era un choclo hermoso, todo de oro, brillaba como el sol. Deben ustedes saber que nosotros los duendes, vivimos muchos años, siglos, hasta cinco siglos.- prosiguió
-¿Y luego qué? – preguntó José impaciente.
Luego de los cinco siglos todo acaba, es como un sueño del que ya no despertamos jamás-
-¿Y cuantos años tiene Usted?- inquirió de nuevo el niño.
El hombrecito pensó un momento y fingió luego una sonrisa.
No moriré aún, sólo tengo trescientos años- dijo con una tristeza escondida tras su sonrisa al mismo tiempo que balanceaba sus piernecitas como si fueran el péndulo de un viejo reloj. Así nació una gran amistad entre aquel trío tan desigual. Un duende, un anciano, y un niño. El pequeñín vivió desde entonces junto a ellos, ellos a su vez aprendieron mucho del hombrecito tan sabio y tan culto, de hecho era una eminencia en letras y en casi todas las ciencias.
Una mañana llegó noviembre, estaba más frío y más triste que de costumbre. El cielo estaba colmado de densas nubes que ennegrecían la atmósfera dándole un tono triste. El viejo Herminio se levantó tan contento como de costumbre cuando una vocecita lo llamó muy bajito.
-Herminio, viejo-Herminio se acercó presuroso hasta la pequeña cajita llena de algodón en la que dormía el pequeño duende.
-Hoy cumplo años, viejo- murmuró el hombrecito débilmente, recostado en su lecho.
-¡Grandioso, grandioso, festejémoslo!- repuso el viejo Herminio emocionado.
-¿Es que no entiendes acaso?-
-Hoy es mi último cumpleaños-
-Hoy he cumplido los quinientos- sentenció con tranquilidad el duende.
-Pero si tú...- titubeo el anciano con ternura
-Sí, sí, te dije que tenía trescientos- interrumpió-Pero es que no quería decirles la verdad, hasta que llegara el momento. Y el momento ha llegado-
Un manantial de lágrimas brotó de los ojos del viejo Herminio, el niño aún dormía. El pequeño hombrecito cerró los ojos y dio un suspiro tan sublime como el viento del alba. Su rostro estaba extrañamente sonrosado en ese día. Afuera la lluvia caía.


Otra casa de cartón




A ti: No te odio porque el odio es un sentimiento y yo por ti ya no siento nada.



Habían dado las dos de la madrugada cuando el ruido de un motor alertó a Javier, quien aún se mantenía en vigilia impresionado por sus recuerdos. El ruido de las llaves en la puerta anunció la llegada de Claudia. Otra vez él se dio una vuelta en la cama y fingió dormir en profundo sueño. Los pasos se fueron haciendo más cercanos hasta llegar a la habitación. La luz se encendió iluminándolo todo; esa blanquecina luz del fluorescente molestó al pequeño Ernesto que dormía plácido en una cama contigua de la misma habitación; su cuerpecito giró mientras de sus labios brotaban incomprensibles diálogos talvez producto de su dulce sueño. Claudia quedó mirando con detenimiento la escena, el padre y el hijo dormían a plenitud; se quitó los zapatos con alivio y encendió el televisor. Javier fingió despertar súbitamente, con los ojos entreabiertos preguntó: -¿qué hora es?-
-La una- respondió Claudia mientras se desvestía. Él pudo ver su blanco cuerpo desnudándose, pero una sensación extraña lo invadía; después de cinco años de matrimonio sentía temores que lo doblegaban, cinco años de casados, siete años de amor antes del matrimonio, doce años que se le escapaban de las manos, la familia se desintegraba, el niño aún muy pequeño para todo esto. -¿cómo te fue?- Preguntó impacientándose por tan corta respuesta.
-Bien, fue una bonita fiesta- Y se envolvió en las frazadas dándole la espalda. Él sabía que hacía tiempo las cosas se habían deteriorado, desde que Tata apareció en sus vidas todo tomó un matiz diferente, Tata era una mujer a quien Claudia conoció en el hospital, en su trabajo de enfermera. Tata trabajaba en cosas administrativas, era una técnica en servicios contables, costeña, acriollada, de piel oscura y rasgos hombrunos, fea, muy fea para ser mujer. Empezó por las acompañadas nocturnas de regreso a casa; cuando salían del hospital iban juntas hasta la casa caminando en amena parla, esos acompañamientos nocturnos se hicieron cotidianos, eternos y Javier fue siendo desplazado imperceptiblemente, fue cediendo terreno lentamente. Cuando él decidía ir a recoger a Claudia de su trabajo, iba a esperarla donde siempre, en la esquina frente al hospital, en el mismo lugar donde la esperó por años pero inevitablemente siempre encontraba a Tata esperando, siempre se le adelantaba. Luego empezaron las visitas a la casa con más frecuencia cada vez. Pero el hastío desbordó cuando Tata fue despedida del hospital por reducción de personal y se quedó sin empleo. Las visitas a la casa se fueron prolongando, hasta tomar el día entero y parte de la noche. Javier empezó a analizar con detenimiento la conducta de Tata, se reía como un camionero, su voz era fuerte y socarrona, gustaba fumar y llenar crucigramas, siempre vestía de pantalón, nunca la vio usar una falda; en vez de cartera usaba una mochila y sus zapatos semejaban los de un militar en marcha de campaña.
Sus sospechas fueron alimentándose más con las salidas nocturnas de Claudia y Tata
- Son compromisos de trabajo- le decía Claudia,
- tú puedes venir si quieres- argumentaba.

Una noche Javier sabía que Claudia saldría a una fiesta con Tata. Se preparó y quiso sorprenderlas. Cuando Claudia regresó del hospital se acicaló con pulcritud, se contemplaba en el espejo mientras se maquillaba.
- Esta noche iremos juntos – Prorrumpió él. Ella fingió tranquilidad y sonrío.
- ¿qué te pasa ahora?- Interrogó disgustada.
- Nada. No es nada, es que quiero ir esta vez a la fiesta- añadió con una falsa sonrisa que trataba de ocultar el torrente de dudas y temores.
A las diez en punto Tata llegó en un taxi a recoger a Claudia, esta vez tendrían un acompañante extra, Claudia y Javier subieron al carro; el automóvil atravesó la ciudad hasta el lugar indicado donde sería la fiesta. En el fondo de su alma Javier abrigaba la esperanza de la existencia de la fiesta y así fue, la casa existía, también la fiesta, el grupo de enfermeras compañeras de Claudia y Tata estaban en una amena fiesta. El número de hombres era reducidísimo para el número de mujeres que habían en el salón, sólo cuatro hombres y más de veinte mujeres, esa desventaja numérica de géneros era aprovechada por Tata como el cazador que encuentra una manada de presas. La fiesta prosiguió, Tata bailaba feliz con Claudia, con Rita, con Andrea la chiquita, con Lisbeth, con Nimia; fumaba como un condenado y daba alaridos de felicidad.
Las sospechas se confirmaron, la conducta de Tata tenía mucho de hombre, un hombre estaba atrapado en ese cuerpo enteco y aberrante y luchaba por salir desesperadamente. El ron aumentaba su euforia y sus carcajadas rebotaban atrozmente en las paredes hasta desaparecer por las ventanas que daban a la calle.
De regreso a casa las cosas parecían evidentes ya no había dudas, Javier habló con Claudia sobre la conducta de Tata. Claudia aceptó que Tata tenía algunos arrebatos anormales que a nadie le hacían daño. Inocuos al mundo circundante de ambos.
-Ella es así, alegre, es su forma de ser- respondía abrumada por las interrogantes; una vida infeliz era el preludio de la vida de Tata, un abandono temprano en su niñez, la había dejado a expensas de unos tíos. Los primero años fue aceptada como la sobrina desamparada, encargada de hacer los mandados y la limpieza de la casa a cambio de la comida, mas luego, cuando su desviación fue descubierta, los tíos que hacían alarde de un catolicismo arraigado en la familia la echaron en el acto, aquella tarde que encontraron seduciendo a Nanita, la más hermosa de las hijas del tío Rigoberto; el acto colmó de ira y de repugnancia al viejo quien no dudó en lanzar las pertenencias de tata a la calle. Ahí empezó el éxodo de Sonia que era su verdadero nombre, le llamaban la Tata porque gustaba tararear canciones criollas, música a la que amaba y con la que más de una vez dio sonoras serenatas a sus potenciales víctimas, las que pese a su fealdad encontraban cierto agrado en su compañía, otras veces la manera de acercarse a las candidatas para su desviación era la simple propuesta de comer un pollito a la brasa, el método le resultó eficaz y muchas veces le dio espléndidos resultados, sin embargo también tuvo muchas negativas a sus bajas propuestas, por eso Tata se había convertido en un ser cauteloso y reservado.

Javier empezaba a quebrarse. Los días y las sospechas se fueron uniendo en un triste desenlace, mientras Tata ganaba espacio, Javier algunas noches llegaba borracho o de madrugada, cansado de seguir viviendo una mentira. Tata, mientras tanto empezó a habitar la casa cada vez con más frecuencia. Un domingo Javier entró de improviso a la cocina y encontró a Tata abrazando a Claudia por la espalda, acariciando sus pechos con vehemencia, mientras sus labios unidos se besaban con pasión; su respiración se detuvo, su cerebro sintió un extraño adormecimiento, sus piernas a duras penas
se mantenían erguidas.
Ellas se dejaron. El silencio fue absoluto. Javier volvió al cuarto donde el pequeño Ernesto miraba el Chavo del Ocho, lo encontró con la cabeza pegada a la pantalla, intentando entrar a la vecindad.
-Papito, quiero entrar a la vecindad del Chavo- dijo el niño sumido en el llanto por el vano intento del televisor. Los dos se abrazaron, fuerte, muy fuerte y pegaron las cabezas a la pantalla para ver si podrían, esta vez juntos, entrar a la vecindad definitivamente y para siempre.



Floripondio



Germán había crecido pensando que los gatos y las tías eran la realización de los seres humanos. Llegó a pensar que después de ser niño se convertiría en una vieja renegona y posteriormente en un gato para finalmente acabar convertido en un árbol de Floripondio. Y creía que la vida era así porque a sus once años su vida estaba marcada por un puñado de tías vetustas que le daban un cariño singular. Algunas veces lo utilizaban para los mandados a tiendas cercanas y otras para limpiar y refregar los pisos. No lo querían mucho. Pero sí amaban a sus gatos, felinos bien cuidados que recibían todas las atenciones de sus amas, eran tres gatos los que colmaban su existencia, no eran de raza. El infortunio para Germán y la buena fortuna para los felinos les habían hecho caer en esa morada donde encontraron todas las comodidades para establecer su hogar. Finalmente el Floripondio, árbol frondoso de aspecto greñoso y descuidado pero de irresistible perfume, cada día puntual a las cinco de la tarde como mágico sortilegio emanaba su clamoroso perfume, aroma que a esa hora se convertía en un canto de sirenas, ese perfume llamaba a las tías con un mudo lenguaje, ellas puntuales despercudían sus tejidos del día anterior y sentadas en las bancas de su jardín empezaban a aspirar ese denso perfume que las inundaba de felicidad.

Una de ellas cierta mañana llegó del mercado con un loro en una cesta, desde entonces el animal empezó a habitar la vieja casona. Mordía las hojas del árbol con timidez al principio, finalmente mordió una flor una noche, descubriendo con sorpresa las propiedades de aquella roja campanilla. Empezó a reír con las alas abiertas hasta caer de la copa del árbol al suave césped, ese fue el inicio de la debacle, de su caída brusca y vertiginosa, del destierro definitivo. . Luego de descubrir el alucinógeno efecto que este le producía, subía a él todos los días a comerse las flores y profería chillidos escandalosos y horrendos. Germán lo contemplaba con entusiasmo, en silencio, con una complicidad ornitológica, nunca le pareció prudente ni necesario comunicar el hecho a las tías o a su madre. A veces en la soledad de los domingos por la tarde, cuando la casa se quedaba vacía por el éxodo de sus habitantes a la misa, Germán y el loro compartían las rojas campanillas del floripondio y ambos reían desconsolados con los ojos desorbitados y amarillos, enfermos de reír. El loro entonces se sentía un mamífero, cuadrúpedo, un humano feliz. Germán se sentía un ave trepadora y en su mente escalaba cada recoveco del árbol hasta llegar a la cima para volver al suelo en un lento descenso de audaces caídas. Los gatos desde su soledad los contemplaban con pasmo, envidiando esa fugaz felicidad que los inundaba.

Un día cuando Germán fue al colegio el loro trepó al árbol con parcimonia hasta llegar a devorar una flor para luego entrar en trance y empezó el bullicio, sus neuronas en ebullición; fatalmente aquella tarde fue descubierta por la tía Genara, la más cucufata y moralista, la más escandalosa y cruel. Cruel también fue el castigo al que el lorito fue sometido. Fue sumergido en una tina de agua helada, el castigo fue público en la casona, los gatos paseaban inquietos observando de reojo el desenlace de la tragedia del loro fumón y drogadicto. Las tías lanzaban anatemas y sermones al ave pecadora que podía acarrear la desgracia a la familia entera por tan reprochable conducta. La Santa Inquisición, quedaba corta ante el cuadro dibujado por la ira y el temor aquella tarde de agonía.

Cuando Germán regresó a casa el loro estaba aturdido en un rincón de la entrada, temeroso y triste, su verde plumaje húmedo y revuelto lo mostraba como un guiñapo ridículo y abatido, era la imagen de un espantapájaros más que la de un pájaro multicolor. Las tías pusieron a Germán al tanto de la infamia mientras cenaban. Él no dijo nada, no podía confesarles que compartía esa secreta afición y optó por el silencio, mientras su conciencia le mostraba sobre la sopa el reflejo de aquellos días de interminable felicidad masticando esas dulces flores.

Desde entonces ambos fueron más cautelosos. Las reuniones para inhalar el perfume del pecado se convirtieron en nocturnas cenas florales después de la media noche, cuando todos en la casa dormían y los ronquidos se apoderaban de la soledad de los pasillos que conducían al jardín. Germán cruzaba el umbral de su habitación y en la oscuridad tenue de una bóveda estrellada se reunía con el ave a los pies del floripondio. Una noche inhalaron hasta el amanecer. Fueron despertados de su somnolencia por los primeros rayos del sol con el tiempo apenas suficiente para ocultarse y disimular su malestar. Sin embargo cuando Germán partió a la escuela el loro con la resaca volvió a las andadas y confundido entre las ramas del alucinógeno árbol continuó con la juerga hasta caer pesadamente del árbol, con tan mala suerte que lo hizo encima de uno de los gatos, dándole a éste la oportunidad por tanto tiempo anhelada para delatarlo de la manera más vil. El felino profirió un grito aterrador que llamó la atención de las viejas y el loro fue descubierto una vez más con la mirada desorbitada y la felicidad anidada en el interior de su alma. Esta vez el loro fue víctima de una golpiza que apenas pudo sentir por el estado en que se hallaba.

El loro fue conducido a la sala de la casa, lugar que siempre le había sido negado. Vagamente pudo ver el piso alfombrado de rojo, la inmensa lámpara que iluminaba el recinto y un olor a cedro que perfumaba el ambiente. El lorito concebía la escena como parte de su alucinación y sus chillidos felices delataban su perturbación, su goce secreto hecho público, su desgano a la vida y a las normas impuestas en ese mundo de señoritas al que no había pedido que lo llevaran.
-Loro maldito- dijo Genara con las venas dilatas por la ira – Es un mal ejemplo para mis gatos, mis mininos- Secundó Arnaldita, la más vieja de ellas –Debemos llevarlo al veterinario y que le pongan una inyección para que muera- Sentenció con frialdad Lina, la más malvada y cruel de todas ellas. El loro chilló con un graznido de espanto que alcanzó hasta las casa vecinas. Si se hubiera tratado de Gaspar, el macho felino que servía a sus gatunas mascotas lo hubieran atemorizado con cortarles las testes, pero tratándose de un pajarraco esa amenaza hubiera sido inútil, no hubiera causado ningún efecto, por ello la sentencia era cruel.

Sin embargo no llego a cumplir la fatal promesa. Pero el ave fue desterrada para siempre, obsequiada a una familia amiga que no poseía un árbol de floripondio. Los primeros días el loro desesperado en la soledad de nueva vivienda lanzaba graznidos desesperados y casi humanos, después en contados días su mirada se marchitó y su cuerpo tembloroso empezó a morir. Una mañana amaneció muerto sobre el frío cemento del pequeño patio que lo recluía, sólo así volvió a ser libre.

Cierto día cuando las tías viejas de Germán empezaron a sospechar que este se había vuelto un extraño vegetariano al descubrir unas flores de Floripondio en sus bolsillos cuando estaban a punto de lavar sus pantalones, prefirieron no correr riesgos y llevaron a un jardinero para que corte el viejo árbol de floripondio que las había visto crecer y envejecer en esa casa antigua, árbol que además les había brindado su perfume por más de treinta años, aroma que las hacía silbar, cantar y reír, cada día a las cinco de la tarde. Y un serrucho mutiló la vida del árbol en pocos minutos. Extrañamente desde aquel día las viejas cayeron en el desgano, las tardes no volvieron a ser las mismas como cuando el floripondio exhalaba su aroma y las colmaba de alegría de extraña y olorosa alegría.

La casa nunca volvió a ser la misma. Pero su sospecha inicial fue descubierta tarde. Ya Germán robaba campanillas de Floripondio por las noches de los parques cercanos y también ellas empezaron a salir por las tardes de casa a los parques vecinos, a sentarse en sus bancas para sonreír y también para aspirar esa exhalación dulce que de ellos brotaba. Reían, reían mucho como el loro, como el difunto lorito que hoy a lado de su Floripondio reían desde una dimensión desconocida puesto que ahora formaban la materia etérea, de una vida distinta, de la otra vida.



La secretaria 10:00 a.m.
Jueves enero, 5


La secretaria se levanta temprano, se mira al espejo y descubre que su rostro se ha llenado de diminutas arrugas, sus ojos se están achinando con unas patas de gallo que han asomado hace poco, empieza a preocuparse por estar quedando sola en la vida. Todas sus amigas se han casado, tienen familia, esposo, hijos, una casa propia y cómoda, un auto y muchos domingos para visitar a los suegros. Empieza a preocuparse porque se acerca a los cuarenta y no ha encontrado a alguien como el resto de sus hermanas, una se casó con un ingeniero agrónomo, ahora reside en Inglaterra, Otra con un agente de bolsa y ahora vive en centro América, la otra trabaja en un banco y está casada con dos hijos. El tiempo empieza ser una preocupación. Despacio se coloca en un gancho en el pelo enredado y se mete a la ducha, el agua que la toca también sabe que su cuerpo ya no es el mismo de hace veinte años, ahora es más áspero, la piel menos tersa. Se viste, desayuna ligero y va a la oficina a dos cuadras de su casa. Su sombra en la acera tampoco es la misma, está más gastada. El asunto de vivir en una casa con las sobrinas y la madre anciana no es algo que le agrade, la pensión del padre difunto apenas da para la casa, la casa es grande y los servicios son caros. Martha camina apresurada entre la gente, su paso deja una estela de perfume caro, perfume que empieza a hacerse cada vez más caro, perfume que se va alejando del sueldo cada vez más corto. El olor de la gente le incomoda, el sudor de los transeúntes que la rozan, que la asedian con la mirada, ella se aferra a su cartera, con fuerza con ansias, está casi colgada de ella, este mundo de pobres le es hostil, talvez porque ella es tan pobre como ellos pero ella se resiste a esa pobreza, se pelea con ellas a mordiscos, con las uñas pintadas y limadas decentemente, con el chanel y con la chompa tejida lana perlita, con los tacos aguja y los zapatos de cuero que le envió la hermana de Inglaterra.

Llega a la oficina y el portero como siempre le sonríe con esa sonrisa que ella ha detestado hace siete años diariamente, esa sonrisa de indígena redimido la fastidia, la fastidia esa postura de portero ordinario, las manos atrás sacando pecho, la frente hacia arriba, con una mirada digna. No entiende como un pobrete tan grande puede tener mirada digna. Sonríe también al pasar, entra apurada, su taco tropieza en una baldosa desalineada, cada día es lo mismo, hasta el tropiezo es el mismo, la misma prisa, los mismos anatemas y las mismas ganas de casarse inmediatamente con un príncipe azul y con cuenta bancaria, no con un pobretón. Por eso no puede casarse con Toño, el hambre y la necesidad son mala dupla. Mala manera la de empezar el día, con la angustia de sentirse vieja y sola, con poco tiempo por delante.

Su lúgubre oficina llena de papeles, la vieja máquina de escribir sobre el vetusto escritorio, la sillita de esponja con forro de marroquín que ha empezado a romperse mostrando sus entrañas de un relleno corriente, barato, como todo lo que ella detesta.

El sol de la mañana entra tenue por la ventana en los rayos que caen al piso se ve con claridad los millones de partículas cayendo lentamente al recinto, ese polvo también la molesta, tener que limpiarlo cada mañana, ahuyentarlo de los muebles cotidianamente, la franela verde entre sus manos era un trozo de vida agitando sus ideas, alborotando todo el minúsculo mundo de ideas y pensamientos. Ordenó los papeles con calma, con miedo, con ira. El ruido de las bocinas de la calle le llegaba también con molestia, con gran velocidad atravesaban la ventana y llegaban a ella como la voz de su amargura que le repetía su tragedia, sus años, su anticipada vejez.

-¿Un café? - Preguntaba al hombre de gris que había cruzado la puerta en espera del señor Ramírez. El hombre de gris había inundado la habitación de un fuerte perfume, su terno impecable lo delataba como alguien importante, su rostro bien afeitado adivinaba una suavidad mágica y el reloj en su brazo relucía al igual que su sonrisa.
-No, gracias- Y sentado esperaba auscultando minuciosamente los cuadros colgados en la pared, la Gioconda con su sonrisa enigmática, la ventana con su rayo de luz atravesándola, los millones de partículas de polvo que se filtraban desde la calle. El negro piso encerado y gastado. Una voz desde la radio hablaba del precio del dólar.